Estudio Vaimaca

El material que se ofrece a la opinión pública por primera vez consta de:

  1. una carátula cuyo fondo es una imagen de perfil del “moulage” de Vaimaca recién fallecido hecho en Francia en 1833, suscrita por los responsables  Dra. Mónica Sans ;Sección Antropología Biológica de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y el aval del Ministerio de Educación y Cultura mediante un sello oficial.
  2. La Parte 5 referida al Resumen y Conclusiones  de los estudios realizados,en páginas numeradas:  51, 52, 53, 54, 55 y 56 .

Este Resumen y Conclusiones ha sido evaluado y refutado casi totalmente por el autor en el Artículo titulado48 : Grave Retroceso Científico revela el estudio de restos mortales de Vaimaca Perú.  Después de dos años de estudio el MEC difunde resumen y conclusiones del estudio que contiene numerosas inexactitudes sobre los charrúas.” Ver el Índice de esta página.

5.    PARTE 5: RESUMEN Y CONCLUSIONES

5.1 Comparación del presente trabajo con los estudios anteriores.

     En cuanto a  los datos publicados por  Rivet  (1930), así como a estudios previos por él mencionados, no hemos encontrado ninguna contradicción con nuestro estudio, excepción hecha en  el cálculo  del índice  nasal, que  debió determinarse como camerino (nariz ancha), dadas las medidas tomadas por el propio Rivet, y en ese caso, concordando con nuestro diagnóstico. Las concordancias radican en las patologías observadas, la estimación de la edad de la muerte (aproximadamente 53 años), las mediciones (incluyendo la estatura aunque en este caso,   esta aparece refrendada por la tomada por el individuo aún vivo), mientras que las diferencias en los aportes se deben fundamentalmente a las técnicas empleadas así como a la existencia de mayor cantidad de datos comparativos, que permitieron en nuestro estudio realizar mayores inferencias.

     Con la relación a posibles inferencias, cabe decir que los estudios que se realizaban hasta mediados del siglo XX eran de corte descriptivo, a los que se agregaban comparaciones con otras poblaciones basadas en escasos datos. Es interesante considerar las  conclusiones de  Rivet con relación a la semejanza de Vaimaca Perú con patagones y araucanos. Al  respecto debemos decir que se basan principalmente en un rasgo, el índice craneano (o cefálico horizontal), ya que como puede verse en la tabla 6 de este trabajo, tomada del articulo Rivet, los otros tres índices utilizados no resultan semejantes. Sin embargo, es interesante notar que esta relación con patagones también aparece en nuestros análisis, lo cual avala la conclusión de Rivet.

       El trabajo de Rivet alude  directamente  a uno previo de Verneau (1903), quien hace el estudio de los patagones. Como se mencionó previamente, y utilizando solamente cráneos no deformados, Vernau describe   dos tipos:  el  plati - braquicéfalo y el sub-braquicéfalo, siendo este último grupo donde se incluiría a Vaimaca; a juzgar de Vernau la braquicefalia de algunos grupos se explicaría por la araucanización de la pampa en el siglo XVIII. Nuestro análisis de componentes principales, así como el de distancias, reflejan una mayor similitud, o menor distancia, con los antiguos habitantes de Córdoba, pero también con Patagones de Río Negro y habitantes de Santiago del Estero (distancias: componente de tamaño), y  también  con un sitio del Delta del Paraná (Los Marinos).

     Por último, y siempre con relación a la morfología, hay que considerar, que el cuerpo humano, inclusive a nivel óseo, es sumamente plástico, lo cual dificulta el conocer si las similitudes (o diferencias) se deben a origen común o a adaptación a un medio ambiente similar.

     Otro aspecto a considerar del trabajo de Rivet (1930) es que no aclara las causas de la muerte. Si bien los restos en sí mismos no dan cuenta de éstas, parece claro el diagnóstico hecho en el momento del fallecimiento de Perú, donde se señala “fièvre de consumption”. De acuerdo a la información recabada,  esto  se  aplicaba, a mediados del siglo   XIX  y aún más  tarde, a la tisis o tuberculosis. Debe señalarse que no  es  de extrañar que no se encontraran huellas de esta enfermedad en los huesos, ya que posiblemente se debió a un proceso rápido que terminó  en  muy breve lapso con la vida del  cacique, dadas  sus  condiciones de vida (más de dos años de cautiverio, desde que fue apresado en Salsipuedes en abril de 1831 hasta que murió en París en setiembre de 1833,  traslado en barco, y  el  frío que seguramente comenzaba a hacerse sentir en París, como incluso lo documenta la litografía ilustrando la exhibición de los charrúas en el Musée de l’Homme)

       Más complejo es el análisis del estudio publicado por Soiza y cols (1990). Si bien estamos de acuerdo con varios de los aspectos señalados, creemos haber dado elementos  suficientes en contra de la principal conclusión de estos autores, que señalan que la muerte de Perú habría ocurrido por desnutrición. Debemos mencionar que los autores de este estudio se basaron en algunas placas radiográficas, sin haber tenido acceso directo a los restos, lo cual explicaría sus conclusiones. En nuestro estudio, basado en un conjunto mayor de radiografías junto con el estudio in situ de los restos, no se observó evidencia alguna de desnutrición: no existe osteoporosis ni pérdida de la densidad del hueso (descalcificación); incluso, el hecho que las líneas de Harris (producidas en la infancia cuando  el hueso se forma ) fueran aún visibles apoya la no existencia de un proceso de  descalcificación,  frecuente  en individuos mayores. Se descarta, por lo tanto, la desnutrición como causa de su muerte.

     Soiza y  cols  (1990) mencionaban también un proceso de osteitis afectando el oído de Perú.  De la  serie de placas  radiográficas realizadas, analizadas por el conjunto de médicos mencionados en el  equipo de investigación,  se desprende  que no hay evidencia de patologías, mas allá de algunas características peculiares como falta de neumatización a nivel de esfenoides, mastoides ebúrneas, u otras características  anatómicas  sin significado patológico. También se descarta la posibilidad de  sífilis, sugerida  por el  informe de Badano  Repetto y Heim,  discutida por Soiza y cols (1990), siendo que la lesión de tibia se debe probablemente a una lesión de  origen traumático  moderadamente  severa. Por último se descarta  totalmente la presencia de un balín o munición en el cráneo del cacique (lo cual solo había sido notado por Soiza y colaboradores), siendo  que  la opacidad que  se refleja en  algunas de las placas se debía a una resina que se colocó en el cráneo seguramente  para   tapar orificios   durante  el moldeado  de   la región  intracraneana. Esta  resina pudo ser parcialmente removida por nosotros de la base de la base de la región nasal donde estaba alojada.

 5.2 Este estudio

     Además de lo señalado al comparar nuestro estudio con algunos de los realizados previamente, y modo de conclusión podemos señalar que:

1.                   Se identificó sin lugar a duda que los restos repatriados son los del    cacique charrúa Vaimaca Perú.

2.                       Con relación a sus características generales, se puede decir que los       métodos  utilizados   para    determinación  de  estatura,  sexo, y   edad  al morir, resultaron altamente  satisfactorios,  por lo cual aumenta  su confiabilidad   para su  aplicación a  restos  prehistóricos de nuestro país, Vaimaca  Peru era,  sin lugar  a dudas,  robusto, de 1.62 m  de estatura, de  cráneo corto (braquicéfalo) cara  ancha (eruieno,  euriprosopo)  y  nariz   ancha   (camerrino); estas características  son propias, como se indicó, a las      presentes en grupos pampeanos,  patagónicos y  chaqueños  (“raza pámpida”,  “raza  pampeana”  o “tipo  patagónido”,según algunas  clasificaciones  mencionadas  en  este trabajo)

3.           Se  elaboró su historia de vida: su estado sanitario fue bueno, observándose huellas de traumas (en radio, costillas, tibia, y posiblemente, nariz), debidas a su vida de guerrero. Las inserciones musculares, muy marcadas, señalan su vida básicamente nómade, con gran utilización de su fuerza, y un mayor uso del brazo derecho lo que indicaría un hábito diestro.

 

Su alimentación, si bien en los dos primeros años de su vida tuvo algunas alteraciones  (tal  vez  producto de destete), fue buena y dio los nutrientes necesarios para su  robustez; es interesante señalar la total ausencia  de  caries y de enfermedad periodontal, pese a haber vivido en el siglo XIX; refleja un alto consumo de carnes y posiblemente, ningún o poco consumo de alimentos muy procesados  o harinas. La  comida poseía elementos abrasivos (tierra, ceniza, arena), aunque no tanto como la de las poblaciones prehistóricas de nuestro territorio.

Su muerte se debió, como se indicó, probablemente a tuberculosis unido al mal estado sanitario general ocasionado por el cautiverio y el cambio de ambiente.

4.            Con relación a las características dentarias, si bien llama la atención la ausencia del diente en pala, ya mencionada, al no existir suficientes datos comparativos no  permite extraer  conclusiones. Sí  se encontró un rastro  típico  de amerindios y asiáticos, la continuación del esmalte de algunos  molares  hacia la raíz de los mismos (en la región gingival), rasgo que fue observado también en los restos encontrados en Salto Grande y en  “cerritos”  del este del país.  Por  último, no  se encontró  otro  rasgo morfológico que sí está presente en Salto Grande, consistente en un estrechamiento de la corona hacia la raíz, pero dicho rasgo  tampoco fue encontrado en los habitantes de los “cerritos” del este  analizados a fines comparativos. La agenesia del tercer molar,  aparece en todas las poblaciones y en diferentes épocas, sin que existan datos comparativos como para que se puedan realizar inferencias.

5.           EN cuanto  a su origen étnico,  y con base en rasgos  métricos craneales,  se pudieron establecer relaciones genéticas y/o de similitud (coherentes con los morfológicos mencionados en el primer punto), siendo Vaimaca parecido a los pobladores del  centro-oeste  (en  especial, antiguos  habitantes  de Córdoba)  y sur  de Argentina  (patagones), y según el  método,  también con  sur  de Brasil.  Es  interesante   notar    que   los  análisis  muestran  similitudes con  los  habitantes prehistóricos de los “cerritos” del este del Uruguay (no así a los del  oeste, seguramente debidos a poblaciones diferentes). No se observan características morfológicas que evidencien mezcla con guaraníes, tal como argumentaban los  integrantes  de  ADENCH durante el juicio  llevado  a cabo.

La similitud de Perú con patagones y araucanos, así como con otros grupos de la pampa y del chaco, podría tener varias explicaciones alternativas:

a) charrúas, patagones,  y otros, serían  descendientes  de un   mismo   grupo originario, hipótesis propuesta por  J. Imbelloni y S. Canals Frau, entre otros, al  definir las oleadas poblacionales que ocuparon América.  Al respecto, diversos autores han sostenido que Sudamérica fue poblada por un único grupo de pobladores iniciales, los amerindios, hipótesis sostenida en primer lugar por Greeenberg, Turner  y Segura (1986), por lo tanto en este caso –donde habría homogeneidad entre todos los indígenas  sudamericanos-  debería aceptarse que la diferenciación  se dio en el lugar por diversos procesos microevolutivos.

b)  que estos grupos se hubieran adaptado a ambientes relativamente similares (sitios relativamente llanos, en su mayoría con pastizales, de condiciones relativamente duras en invierno), lo que habría llevado a características físicas semejantes; esto podría vincularse con  la diferenciación  in situ  que apoyaría la teoría de una única oleada poblacional;

c) que  haya existido mestizaje (flujo génico) entre los distintos grupos del área lo que llevó a la homogeneización de éstos.

 De hecho, las  tres hipótesis son posibles y seguramente contribuyeron a las  características que hoy se observan. Con relación al mestizaje, la mezcla entre grupos indígenas ha  sido constatada innumerables veces, sea por rapto o intercambio de mujeres, sea por otros procesos; incluso, como se mencionó previamente,  podría estar  relacionado con  la  araucanización  de  la pampa ocurrida en tiempos ya históricos (siglo XVIII)    Los procesos de diferenciación  in situ entre poblaciones son de   origen biológico (deriva genética, efecto fundador), aunque también los factores culturales pueden operar en éstos (aislamiento reproductivo), y se acentúan cuanto más pequeño es un grupo humano. Sin embargo,  y sin  llegar a postular una “oleada poblacional”, lo cual merece un tratamiento independiente  y escapa a  los objetivos  de  este trabajo, puede decirse con certeza que los habitantes de pampa-patagonia, incluida   la macro -etnia charrúa, deben tener un origen común relativamente cercano, que da cierta homogeneidad con relación a las características biológicas.

 6.            Con  relación  a los   estudios   moleculares,   concretamente del  análisis   del ADN mitocondrial  (ADNmt),  este es el mayor aporte  de este estudio,   y   si bien  hasta el momento  no pudo ser finalizado        (es decir, no se secuenció el  total     de la región control),     los resultados   obtenidos   hasta el momento son suficientemente claros como para extraer interesantes concusiones.

 Se  logró  identificar sin lugar a dudas el  haplogrupo, que resultó  ser  el  C,     de origen amerindio; el mismo resultado se obtuvo utilizando tres técnicas diferentes: análisis  de fragmentos de restricción ,  secuenciación   de  la  región  genómica mitocondrial  donde se  encuentra  la  mutación que  determina  el haplogrupo,  e identificación  de las cuatro mutaciones generalmente  asociadas    a          dicho haplogrupo en la región hipervariable I. Debe  señalarse también que  los mismos resultados  se obtuvieron  a partir de las dos diferentes extracciones de  ADN,  a partir de dos  molares y realizadas en  momentos y con reactivos diferentes.No se observó contaminación en ninguno de los  casos.

Se  secuenció  la región hipervariable  I  entre las   bases    16209    y     16410),detectándose  5 mutaciones con relación a la secuencia de referencia  (Anderson et   al  1981)10.   Cuatro de   éstas  corresponden,  como  se  indicó, a las que  en general   se   asocian al   haplogrupos  indígena  C  (16223T, 16298C, 16325C  y 16327T). La quinta (16288C) no ha sido publicada con relación   a las  mutaciones propias del   haplogrupo C, a  no ser por  nuestro equipo de   trabajo  donde  dos individuos  enterrados en el cerrito CH2D01-A  de Rocha,  Uruguay,  presentaron las 5 mismas mutaciones (Bertoni  et al 2004). En este trabajo se señalaba que la identidad, o  casi  identidad   puesto  que tampoco  en  estos  casos   se   había secuenciado  el total del  ADNmt,   se debía   seguramente a  una  relación   de descendencia entre  ambos individuos, una mujer enterrada en el nivel inferior del montículo, y un hombre enterrado en un nivel intermedio , por lo cual es razonable pensar  de  que  el hombre  era  descendiente de la mujer enterrada  más  abajo (debe recordarse que el ADNmt se trasmite únicamente por vía materna)

A  partir de la  determinación  del haplogrupo,  el  indígena C en este   caso,   es posible realizar  algunas inferencias.

a) El haplogrupo  C está  ausente, o es muy escaso, en  poblaciones   guaraníes, siendo  sin  embargo,  frecuente en fueguinos  y   patagones.   Esto    descartaría nuevamente  (ya se observó  al hablar de los estudios métricos) la  posibilidad  de mestizaje  con guaraníes,  y   refuerza la   hipótesis  de que  los  charrúas      se relacionan a  las poblaciones  de pampa y patagonia;

b) El haplogrupo  C es,  junto con el  B, el más común  entre  los haplogrupo  de origen  indígena   presentes en la población uruguaya actual, en especial  de    la  región nordeste. Esto apoyaría que el sustrato indígena de la población actual se relaciona más a la macro-etnia charrúa que a  la guaraní, lo que  es contrario  a la posición sostenida por muchos historiadores hasta el  momento,por ejemplo en la muy interesante y  bien basada obra de  González Risotto  y Rodríguez   Varese (1982)   que   se basa    en  registros eclesiásticos.  Debe mencionarse que    la contradicción entre estas dos  posiciones se debe  directamente  en el tipo de   datos  estudiados:  el estudio de  González  Risotto y Rodríguez  Varese  (1982) solo I incluye aquellos indígenas de los cuales se   registró  el origen,  “Misiones”,“indios misioneros”, o directamente “guaraníes”, que es el modo en que aparecen en los  libros de la  Iglesia Católica.  Debemos entonces interpretar  que,   de  los otros  indígenas  (posiblemente, en  su gran   mayoría,   mujeres),  no    aparece mencionado el origen. Existen al respecto gran cantidad de fuentes que aluden a  repartos   de  niños  y   mujeres, y  aún  a  la   observación   directa   de   parejas compuestas por  un español, o descendiente de éstos, con   una  mujer  indígena. No es objetivo de este trabajo profundizar este tema.

 

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10 Esta secuencia que se toma en toda la bibliografía como secuencia de referencia, corresponde al haplogrupo europeo H.

 

c) Por último, debe notarse que el haplogrupo C es también el más frecuente en los habitantes prehistóricos  del  Uruguay, si bien el número  de  individuos analizados es muy pequeño para extraer conclusiones definitivas.

     Con relación a  la secuencia , se  debe destacar  que  la mutación  en  la posición 16288, asociada  a las mutaciones típicas del haplogrupo C, no  está  descrita en la literatura, a excepción hecha de  nuestro propio estudio de habitantes prehistóricos del  este del país,  concretamente,  es decir,  los  dos  individuos  ya mencionados ; también  se encontró esta mutación  en un  habitante  actual de la ciudad de Meloque desconocía tener antepasados indígenas por línea materna.  La  identidad de secuencias  (al menos, del tramo  secuenciado),  plantea  la  continuidad biológica entre  los constructores de los  “cerritos”, el cacique   charrúa  Vaimaca Perú  y  la población   actual. Es  importante  señalar que, si   bien  es claro  que  existe    la continuidad   biológica  planteada,  lamentablemente  no  se cuenta   con   material comparativo suficiente, sea de  otras poblaciones  pasadas y actuales del Uruguay, o con similares de Argentina (pampa-patagonia) o  del sur de  Brasil. Por  lo tanto, no es posible postular que se trate de una mutación restringida a los constructores de cerritos y trasmitida a poblaciones más modernas.

     De momento,  hasta no contar con  más datos, parece razonable considerar que la mutación  observada   debe  ser  propia de la  macro-etnia  charrúa (entre  otros, minuanes,  guenoas, o los charrúas propiamente dichos)  y  postular  que   estos grupos serían los descendientes de los constructores de cerritos.

(Fin de la Reproducción del estudio proporcionado por : MEC - FHUCE )

Autorizada la reproducción de estas ideas previo aviso al autor.
Página actualizada el 05/06/2009  - ver Punto 43 del Indice y Fotos.