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ORGANIZACIÓN SOCIAL
LAS FAMILIAS CHARRÚAS
La unión sexual entre los Charrúas eran tanto en forma de matrimonios monogámicos o uniones esporádicas y poligámicas ( se trata de una poligamia especial, es decir, una mujer nunca tenía más de un marido, y cuando veían que su esposo tenía otra mujer lo abandonaban, apenas encontraban otro del que podían ser esposas únicas). Había mucha libertad para divorciarse, en ambos sexos, pero teniendo hijos, generalmente los matrimonios eran duraderos. En caso de adulterio, éste no tenía otra consecuencia máxima que algunos puñetazos que la parte ofendida aplicaba a los infractores, y esto solo si los apreciaba infragantemente.
Esas uniones se realizaban entre integrantes del mismo grupo, pero muchas veces de tribus diferentes. Según Azara, nunca pertenecían en el celibato, y se casaban cuando sentían esa necesidad. El varón pedía la hija a los padres, y si éstos lo aceptaban, la llevaba. La mujer nunca se negaba y se casaba con el primero que llegaba, aunque fuera viejo y feo. Desde que se casan forman una familia aparte y el hombre trabaja para alimentar la nueva familia. El varón al formar una familia ganaba el status de adulto y posteriormente llegaba a ser un guerrero.
En la parcialidad de los Minuanes, había algunas diferencias, ya que los Caciques tenían el privilegio de poseer varias mujeres. Los hombres se casan cuando ya son bien maduros, y las mujeres por el contrario cuando son muy jóvenes.
Las tareas de las mujeres eran múltiples, armaban las tolderías, desollaban las reces, cocinaban, pulían las bolas de piedras, confeccionaban los quillapís, y recolectaban algunos alimentos; tenían un papel importante en las mudanzas frecuentes de sus tolderías de un sitio a otro, llevando sus niños atados a la espalda o a pie, mientras que sus esposos se trasladaban a caballo con sus armas , prontos para cazar la presa que divisaran en el campo.
Las madres criaban y enseñaban a sus hijos sin castigarlos; a las niñas los menesteres propios de su sexo para cuando fueran mayores y a los hijos los educaba mas bien el padre a quienes acompañaban en las cacerías y practicaban continuamente el manejo de lanzas, flechas y boleadoras.
Entre los minuanes en cambio, era más frecuente que los hijos después del amamantamiento fueran entregados a algunos de los parientes ya casados, quienes se encargaban de su educación. Las crónicas nos dicen que hubo casos en que algunas madres que querían a sus pequeños, en situaciones de guerra, y en la necesidad de no ser descubiertos y preservar la vida de los integrantes de la tribu, ante la posibilidad de que lloraran y los descubrieran se vieron forzadas a sacrificar alguno de los niños de pecho.
LOS CACIQUES
Aunque cada toldería tenía un Cacique, y en casos de guerra se designaba un Cacique general a esos efectos, todas las demás desiciones y medidas de seguridad eran dadas por el Consejo de Familia, fuera de esto todos los Charrúas eran iguales, ninguno superior a otro, ninguno al servicio de otro. Los jefes de familia en caso necesario, se reunían al anochecer para designar los centinelas porque nunca olvidan esta precaución; si alguien tiene alguna idea o proyecto de ataque o defensa, lo comunica a los demás , que generalmente están escuchando, sentados sobre sus talones. Y he aquí un detalle significativo: si se aprueba el proyecto, ninguno está obligado a concurrir a la ejecución del mismo, ni aún la persona que lo ha propuesto, y tampoco hay ninguna pena que se les imponga a los que faltan.
Si tienen diferencias personales, o discuciones por algún asunto, lo arreglan en forma particular: se pelean a puñetazos hasta que uno abandona poniéndose de espaldas, y ya no se vuelve a hablar del tema, nunca en estos duelos hicieron uso de armas, y nunca trascendió que hubiera algún muerto producto de los mismos.
Entre los Minuanes mencionemos otra diferencia: se reconocía superioridad de algunos Caciques, ya por tener mayor número de indios a su cargo, o por ser más valeroso y hábil.
No se sabe si el nombramiento de un Cacique era por elección, un cargo heredado, un guerrero exitoso, o un sabio guerrero anciano, pero parece que la institución del cacicazgo general probablemente haya surgido cuando llegan los conquistadores y es necesario nombrar un representante para parlamentar.
Con el tiempo el número de Caciques fué aumentando debido al estado de guerra permanente, y sus desiciones ya eran más escuchadas que las emanadas de los Consejos de Familia, y los Caciques además infundían ánimo , valor, y aplicaban cierta disciplina y justicia en la tribu. Es muy conocida una narración del Gral. Díaz en 1812, en que un Cacique persiguió a un indio hablándole fuertemente y dándole un macanaso en la cabeza. Al regreso el Cacique dirigiéndose al Gral. Díaz le repitió por dos veces: robó, robó, explicando de este modo que había ejecutado un acto de justicia.
En tiempos de paz los Caciques, tanto Charrúas como Minuanes, se trataban de igual a igual con los gobernantes y con el Cabildo de Montevideo, de este modo, entre otras cosas obtuvieron reconocimiento de sus parcialidades como Nación, lo que les permitió concertar varios acuerdos en representación de todos los indios ( Nación).
Han quedado pocos nombres de Caciques, sólo los más antiguos, tales como Zapicán, Abayubá, Tabobá, Magalona, etc, pero posteriormente tomaron la costumbre de adoptar nombres de personajes, tales como el Caciques Brown, Lecor, Rondeau, Sepé, Barbacena, etc. de quienes habían oído hablar.
COMPORTAMIENTO DE LOS CHARRÚAS EN ÉPOCAS DE GUERRA
Al principio, los Charrrúas se mostraron hospitalarios y amigos con los primeros expedicionarios europeos. Hay una carta de Diego García que se refiere a que un grupo que se llaman los "carrioses" (Charrúas), que hacen "muy buena obra a los Cristianos..., que allí nos dieron muchas vituallas que se llaman millo e harina de mandioca, e muchas calabazas, e muchos patos,etc., porque eran buenos indios, e aquí llegó Sebastián Gaboto, muerto de hambre en este tiempo que yo estaba allí, e los indios le dieron de comer...".
Posteriormente, cuando los españoles Gaboto, y Ortíz de Zárate intentan establecerse con fortines en nuestro territorio, ya los Charrúas van cambiando su talento amistoso porque se dan cuenta de que se quieren apropiar de sus tierras. Efectivamente era así, porque el Rey de España les daba los conquistadores la propiedad de las tierras que descubriesen, sin tener en cuenta que ya tenían dueño.
En 1573, en San Gabriel, las fuerzas de Ortíz de Zärate, que venían a apresar a un soldado desertor, el cual había pedido protección a los Charrúas, se enfrenta con los mismos perdiendo cien soldados en la batalla. Es de hacer notar que los Charrúas le habían dado su palabra al soldado Español de que lo protegerían, y justamente por cumplir su palabra , los Charrúas es que se ven obligados a ese enfrentamiento sangriento que se llamó "Combate de San Gabriel". Al año siguiente llega Juan de Garay con más soldados y con caballos, y con esa ventaja de armamento y de equinos triunfan sobre los Charrúas , matando 200 de los principales Caciques, Zapicán y su sobrino Abayubá (de quien se dice que murió atravesado por espadas mientras mordía la rienda de un caballo, tratando de voltearlo) y a Tabobá, Añagualpo, Yandioca, Magalona, y otros. Véase que insólito el motivo de estas pérdidas de los Charrúas: cumplir con la palabra dada a un soldado del enemigo.
Con el paso del tiempo, y cuando pudieron contar con el caballo, se perfeccionaron en el arte de guerra. Increpaban a sus contrarios con alaridos, adoptaron la lanza con punta mecánica (chuza), y siguieron utilizando la boleadora, la honda, el rompecabeza, las piedras y el arco y las flechas como armas. El Padre Catáneo escribió: "Es increíble la destreza con que manejan sus caballos, de modo que aunque los españoles sean grandes jinetes, superiores a cualquier otra Nación de Europa, es rarísimo el caso que puedan alcanzar en la carrera, ni acometer con la lanza a un indio".
Dice Azara: "Cuando han resuelto hacer una expedición militar, ocultan a sus familias en los bosques, y envían a la descubierta cuando menos seis leguas por delante exploradores bien montados. Estos avanzan con las mayores precauciones, tendidos todo a lo largo sobre los caballos,como cada tanto se detienen para dejarlos pacer no usan brida, y solo le amarran a la mandíbula inferior una pequeña correa a la cual unen otras dos que le sirven de riendas. Hay que añadir a esto la ventaja de ver antes de ser vistos, en estas inmensas llanuras, porque su vista es muy superior a la nuestra. A la puesta del sol, traaban sus caballos y se aproximan a pie, encorvándose en las hierbas, hasta haber reconocido bien la situación del campo enemigo o de la casa que quieren atacar. Aún cuando no tengan intención de atacar, sus exploradores siguen siempre a los españoles que atraviesan el país, de modo que aunque no se ve un solo indio, el Comandante debe suponer que le siguen todos sus pasos y que será atacado si no toma las precauciones necesarias.
Los indios exploradores despues de tomar los datos necesarios, parten a todo galope para avisar a los suyos; pero si han sido vistos huyen en laa dirección contraria a la de su tropa, y no hay que pensar siquiera en alcanzarlos, porque sus caballos son mucho más ligeros que los nuestros.
En cambio, si no es así, reciben las noticias de los exploradores, se distribuyen en puntos escogidos para el ataque, y marchan lentamente. Tan pronto como están cerca, profieren grandes gritos, se daan sobre la boca golpes redoblados, se precipitan sobre el enemigo como un rayo, y matan a todo el que encuentran, no conservando más que las mujeres y los niños menores de 12 años. Estos prisioneros los llevan consigo y los dejan en libertad entre ellos. La mayoría se casan y se acostumbran a su género de vida, siendo raro que quieran dejarlo para volver con sus compatriotas.
Estas expediciones las hacen siempre antes del amanecer, pero atacan también en pleno día si notan que el jefe enemigo, tiene miedo o que hay desorden en la tropa. Además saben amagar falsos ataques, hacen fugas simuladas y preparan emboscadas; siendo cosa segura que ninguno de los que salen huyendo se les escapa. Felizmente, se contentan con una sola victoria, como el Jaguareté, y no se les ocurre aprovecharse de sus ventajas; sin esto acaso los Españoles no hubieran podido extender su población por las llanuras de Montevideo".
Veamos otra versión según el Gral. Díaz: " En sus días belicosos, cuando sabían que el enemigo estaba próximo, el Cacique los formaba a caballo, en ala, y los proclamaba con una larga arenga en que exponía las injurias o agravios recibidos, y les recordaba las glorias de sus mayores, sus propias azañas y hechos de armas. Cada vez que en la arenga los incitaba impelía a la venganza, el Cacique movía la lanza, blandiéndola con fuerza y en toda la línea se alzaba entonces una gritería prometiendo todos luchar con valor. Mientras durara esta proclama las mujeres se ponían en fila, detrás de los hombres, como a veinte varas, estaban cantando no se qué; pero supongo que sería un himno para animar a los combatientes"; (esto sucedía entre 1812 y 1814).
Centenera, en su crónica, hace referencia a "trompas", "bocinas", y "atambores", que utilizaban como instrumento musical guerrero. Silva en 1825, observó que utilizaban el cuerno o guampa para dar señales: "La señal que el enemigo se acerca, o de alarma, es una llamada con una guampa y ponerse a dar vueltas en hilera uno detrás de otro, mientras que las mujeres se ponen a gritar de un modo tan lúgubre que hacen estremecer".
Los flecheros eran guerreros especializados que desde muy jóvenes practicaban tanto a caballo como a pie, siendo los primeros que bajaban a enfrentar al enemigo, su número se redujo sensiblemente, y los dos últimos fueron avistados en 1833. Como nse ha visto, los Charrúas brindaban un trato clemente a los enemigos que hacían prisioneros, mataban en lucha sus adversarios, pero rescataban a las mujeres y niños que permanecían en la toldería de quien los recogía.
Para finalizar este tema, recordemos que Artigas, que convivió unos quince años con los Charrúas, proclamó en la Batalla de las Piedras: "Clemencia para los vencidos".
ECONOMÍA Y ALIMENTACIÓN DE LOS CHARRÚAS
Los charrúas traían de los Pámpidos su habilidad para la caza y la guerra, y aunque tuvieron enfrentamiento con los grupos que ya habitaban el territorio, no pudieron escapar del proceso de mestización, y de ese modo incorporaron alfarería, tallado y pulimentado de piedras y la navegación ( de los guaraníes).
El sistema económico de los Charrúas, se basó en la caza, recolección de productos agrestes, que completaron con la pesca. Se veían obligados a cambiar de lugar constantemente en busca de asegurarse su alimentación, según las estaciones del año.
Practicaban "la caza superior", "mayor" o también conocida por " caza a la distancia", tarea exclusiva de los hombres, para la cual utilizaban el arco y la flecha, venablos, boleadoras. Para ello se reunían en grupos, y cuando descubrían la presa en una ligera carrera trataban de capturarla, y a las fieras como pumas y jaguaretés, las enfrentaban en una " lucha cuerpo a cuerpo" en pleno monte o campo abierto. En grupos, usaban el lazo si el animal estaba furioso y revestía algún peligro, enlazándolo cada uno por un miembro y separándose luego. En esa posición, inmovilizado, se acercaba un indio y sin mayor riesgo lo mataba con una lanza mediana.
Cazaban guazú- birá , más conocido por venado (propio del Río de la Plata), guazú- pecú, guazú-ti, gatos monteses, liebres, pecarís, carpinchos, tatúes, mulitas, nutrias, aperiás, tortugas y lobos marinos, y hasta lagartos. También ñandúes, perdices, martinetas, etc, sin olvidar mariscos y crustáceos de agua dulce. Las mujeres y los niños recolectaban huevos de aves, frutas silvestres: pitangas, macachines, guayabas, burucuyá y raíces tiernas. Los cocos y los palmitos también eran de su preferencia. Es curioso hacer notar que los brotes de ceibo eran muy apetecidos por ellos y eran tan nutritivos que los Charrúas no necesitaban de otro alimento cuando eran perseguidos, y no podían detenerse para cazar.
Refiere Benito Silva, que convivió con ellos, que tenían la costumbre de mascar una mezcla de hueso y tabaco, que escondían detrás de su labio superior. Creían que de este modo se les conservaría la dentadura y aumentarían sus calorías en el invierno.
Entre los hidratos de carbono que componían su dieta, incluían el "cazabe", que era una especie de torta hecha con harina de mandioca ( "yuca" en Haití), que era preparado por las mujeres y llevaban en sus bolsos de piel de jaguar.
Las mujeres asaban la carne y los pescados que clavaban en el "palo asador", inclinado sobre las brasas y en el extremo superior libre. A los pescados también los desecaban sin sal abriéndolos al medio y oreándolos al sol.
Con la llegada de los conquistadores y la ganadería, esta vida natural sufrió modificaciones, porque si bien mejoró su alimentación con las proteínas vacunas (y caballares), se hicieron aficionados al alcohol y al vicio de fumar.
Las bebidas las ponían en vasos de barro negro, que dejaban secar al sol hasta que se endurecían, también en recipientes de este tipo cocinaban la carne de ñandú, lo asaban, o lo dejaban secar al sol como charque.
También se hicieron muy adictos al mate proveniente de la yerba que venía del Paraguay, que también se generalizó al gaucho, a los criollos en general, y hasta los habitantes del Uruguay al día de hoy. Sin embargo los Charrúas, en un principio bebían una mezcla de agua con yerba, la que mantenían en su boca masticándola y tragando solo el líquido con la escencia de la yerba. Posteriormente, se fué perfeccionando el modo de beberlo con el uso del mate y la bombilla.
Finalmente, hacia el año 1857, y según versión del coronel Modesto Polanco, uno de los últimos grupos de Charrúas que vivían en Tacuarembó, indicaba que estos se alimentaban tan solo de carne de vaca, mientras que las madres adiestraban a los pequeños en la caza de perdices y mulitas.
Es importante señalar que los alimentos conseguidos se distribuían entre los integrantes de cada grupo, incluidos los extranjeros y prisioneros, lo que da la pauta del grado de conciencia social a que habían llegado.
Un elemento importante fue el dominio del caballo y la ayuda de los perros domesticados, lo que les sirvió además para ser más eficientes en la guerra y en su lucha por la defensa de sus territorios.
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