RITUALES MORTUORIOS BARBAROS Y OTROS
(RECOPILACION DE RICARDO LATCHMAN)
(De su libro “ Costumbres mortuorias de los indios de Chile y otras partes de América”, año 1915).
Los cafres de África abandonan sus muertos a los lobos, aves e insectos (Barrow, Londres 1797).
Cicerón informa que en Hyrcania alimentaban a los perros públicos con la carne de los muertos.
Los bactrianos permitían que los perros devoraran a los enfermos y a los viejos. Por eso no habían tumbas, sino cantidades de huesos.
Alejandro abolió esa bárbara costumbre.
Según Herodoto los calliates de la India devoraban ellos mismos los cadáveres de sus familiares.
En Estados Unidos algunas tribus abandonaban a los enfermos y viejos, que al no ser atendidos decidían suicidarse incendiando su propia choza.
Estas costumbres también existían entre los patagones y otras tribus nómades del Chaco.
En Tierra del Fuego, apremiados por el hambre, inmolaban a los viejos y comían sus carnes.
Varias tribus del Amazonas comían sus muertos y molían sus huesos que luego echaban a sus bebidas fermentadas. Los cocomas y otras tribus del Amazonas, decían que era mejor estar dentro del vientre de un amigo que estar sepultado en la tierra helada.
Sir Walter Raleigh relata algo semejante de tribus del Orinoco.
Algunas, sino todas de las tribus de las costas septentrionales del Pacífico eran antropófagos, y cuando faltaban enemigos a quienes comer, satisfacían su voracidad con los cadáveres de sus deudos.
Los araucanos y puelches, según el padre Rosales, eran también antropófagos (Alonso de Góngora)
Los fueguinos también comían carne humana y muchos pueblos no solo mataban a sus enemigos para comerlos sino que lo hacían incluso con sus propios deudos.
Estas costumbres no obedecería a ningún culto o ritual sino al propósito de satisfacer apetitos bestiales.
Habían muchas maneras de disponer de los difuntos, unas curiosas, otras horripilantes pero siempre se notaba una gran falta de uniformidad, entre pueblos indígenas y hasta en grupos de las mismas tribus.
Los Mbayas del Chaco, amortajaban al difunto en posición sentado, en cuclillas, cubierto por una manta. (Aún se pueden ver en el Museo de la Plata) Lo ataviaban y a caballo lo llevaban a un lugar de enterramiento.
Los Tehuelches y Patagones colocaban a sus muertos en catafalcos ( notoriamente separados de la tierra). Hay un relato de un indio fueguino que se encontró sepultado bajo ramas verdes de haya, luego cortezas y troncos de árboles y una capa de conchas por encima.
Los Cairns
Dado que el hombre primitivo abandona sus lugares cavernosos para adentrarse en las llanuras, se complica la inhumación de sus difuntos.
Es así que muchos de ellos utilizan el cairn, es decir, colocan al muerto en el suelo, sentado o tendido y lo cubrían con montones de piedras, principalmente para defenderlo de fieras y aves de rapiña. Esta modalidad se observó en algunas tribus del Chaco, Charrúas, Araucanos, Caras de Ecuador, Costa Rica, etc.
Inhumación Simple
Era una fosa en que colocaban el cadáver con o sin otros objetos, cubriéndolo con tierra.
Algunas veces se acumulaban piedras encima para mayor seguridad. En algunos pueblos surgió la idea de que el peso de la tierra podía lastimar o molestar al muerto. Entonces las fosas se hicieron más superficiales, o los cadáveres se colocaron en catafalcos hasta que se descarnaran y después efectuaban el entierro.
En otros lugares cubrían al muerto con una bóveda de troncos y por encima de las mismas le echaban tierra.
A veces lo colocaban en posición encogida.
Esta inhumación era corriente en Chile y en Perú.
Coincidencia de rituales
No solo los Charrúas, sino también algunas tribus del Chaco y otros pueblos del sur y Norteamérica, tenían por costumbre cortarse una falange de la mano o pie en señal de duelo.
Era una expresión de sentimientos hacia el muerto expresada por medio de mutilaciones.
También los Yaros, Chaná-beguá y Timbúes lo hacían ( no olvidemos que pertenecían a un mismo tronco étnico).
Entre los indios de Norteamérica también practicaban las mutilaciones los Sioux, Dacotas, Omahas, Osages y otros.
(Estas coincidencias podrían obedecer a un origen étnico común, aunque lejano en el tiempo).
Conclusión
De los rituales mortuorios que han existido en América se desprende una filosofía referida a la forma de considerar al prójimo tanto en su aspecto material como espiritual.
En este sentido hemos visto los excesos constituidos por la antropofagia practicada sobre los cadáveres, incluso de familiares, y una serie de graduaciones en los rituales que determinan una gran variabilidad en la concepción del hombre y del más allá que tenían las diversas tribus.
Aún con lo poco que se conoce de los rituales charrúas podemos concluir que no practicaban la antropofagia, que sepultaban a sus muertos en lugares limpios y alejados, tales como los cerros, preferentemente, y los cubrían con numerosas y pesadas piedras( sepulturas denominadas cairns).
El ritual de los deudos de atravesarse o pincharse los brazos con pequeñas ramas y de cortarse una falange- especialmente las mujeres- fue desapareciendo con el transcurso del tiempo, y a medida que necesitaban la totalidad de su integridad física para luchar por sus tierras.
Aún podemos ver en el dibujo de los cuatro charrúas conducidos a Francia las marcas tatuadas sobre los brazos de Guyunusa que obedecían sin duda a incisiones que se realizara por la pérdida de familiares.
También podemos concluir que los charrúas presentaban un superior grado de humanismo en relación con otras tribus de América y que creían, sin duda, en otra vida después de la muerte a la que llamaban a veces “el viaje”, dado que muchas veces dejaban al pie de la tumba el caballo que había sido propiedad del difunto.
Pero la conclusión más general es la gran variabilidad de los rituales mortuorios en todos los indios de América e incluso dentro de cada tribu, según el lugar geográfico y la época que se analice.
En el capitulo 41 habíamos trascripto una observación del padre Lozano acerca de que los Charrúas cargaban con el familiar fallecido durante varios días incluso, hasta encontrar el lugar adecuado para su sepultura. Esta referencia es muy importante dado que si la tradición Charrúa hubiera sido la inhumación simple, (colocándolo en una fosa de tierra) no hubieran tenido necesidad de buscar durante varios días el lugar adecuado que según todas las crónicas coinciden en que era en lo alto de los cerros, sepultura denominada “cairn”.
Pero además en toda la literatura que hemos visto referida al tema no aparece una sola mención a que los Charrúas hicieran una fosa de cierta profundidad en la tierra para depositar al occiso.
Cada pueblo debía solucionar el tema de la sepultura de acuerdo a los materiales físicos de la geografía en que habitaban. Si eran indios que vivían en llanuras extensas, por ejemplo la mesopotamia argentina solo tenían tres posibilidades: la profundidad de la tierra, el agua o el aire (en cuyo caso hacían un catafalco donde depositaban el cadáver).
En la geografía predominante del Uruguay los indios contaban con cerros y piedras que desde su punto de vista resultaría más conveniente, ya que por lo menos evitaban que los depredadores olfatearan la tierra y escarbando pudieran llegar a devorar al muerto.
También es de hacer notar que en los últimos años de vida de los Charrúas y acuciados por las urgencias de su guerra contra los invasores muchas veces no tuvieron tiempo de utilizar los cairns y depositaban al cuerpo en un hueco pequeño en la tierra y lo cubrían con la misma tierra y ramas colocando encima las boleadoras del difunto y a veces su caballo. Se dice que creían que el muerto realizaría un “viaje”.
Tampoco hay ninguna referencia histórica al tratamiento que los Charrúas pudieran dar a un esqueleto. Esto lo señalamos en relación con los restos óseos del cacique Charrúa Vaimaca Peru, ya que su entierro tendría carácter secundario y para los Charrúas sería un caso a resolver si se hubiera presentado en su época. Además se trataba de un cacique y quizás este rasgo podría determinar un carácter más jerárquico de la sepultura.
La situación actual respecto a los restos de Vaimaca Peru
En 1990 a solicitud de la Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa (ADENCH) se iniciaron las tramitaciones en el Parlamento para la repatriación de sus restos desde Francia. En el año 2000 se promulgó la Ley de Repatriación, y el gobierno francés envió los restos el 17 de julio del 2002. En cumplimiento del artículo segundo de la citada ley se le inhumó en el Panteón Nacional dos días después, dejándolo provisoriamente en el mismo ataúd en que fue enviado desde Francia.
Mientras tanto la Comisión de Patrimonio Nacional confeccionó la correspondiente urna de mármol para que con posterioridad al desarmado de las piezas óseas se colocara en dicha urna funeraria al igual que los otros 34 restos mortales de personalidades y héroes que están sepultados en el Panteón Nacional.
A partir del 27 de setiembre del 2002 se supo que el Ministro de Educación y Cultura Dr. Antonio Mercader mediante un convenio reservado dispuso se realizaran estudios y experimentos científicos a los restos óseos de Vaimaca Peru.
A pesar de los reclamos de sus descendientes se llevó adelante lo que se estimó una profanación del cadáver aunque no se ha actualizado por el momento la continuación del trámite de denuncia penal.
En conclusión se extrajeron (o sustrajeron) piezas óseas del cadáver y se le colocó en una caja metálica sellada con silicona, destinada a la preservación de fósiles, la que quedó a cargo en carácter de conservador de los huesos, del Paleontólogo Alvaro Mones.
Por lo tanto no se ha realizado un entierro en debida forma ya que lo que hubiera correspondido era que se pasaran los restos del ataúd a la urna funeraria y no que se encuentre prácticamente museificado en la caja de acero, a la espera de que los científicos, según han dicho, continúen retirando piezas cada tanto para actualizar los experimentos.
( Cabe mencionar que esta acción del Ministerio respectivo ha merecido una gran repulsa de la población mientras que otras personas han creído en la propaganda oficial que decía que era conveniente proceder como se hizo).
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