:::Hijas de María Santísima del Huerto en el Uruguay::: 2006 | 150 AÑOS de la llegada de las primeras hermanas al Uruguay

150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América (1856-2006)

FOTOGALERÍA
doc.gifHomilía de Mons. Nicolás Cotugno en la Solemne Eucaristía - Sábado 18 de noviembre de 2006

Edición de un matasellos conmemorativo por los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América. Colegio del Centro - Martes 21 de noviembre de 2006

doc.gifMensaje de la Madre General en la Santa Misa
Palabras de la Madre General en el Hospital Maciel

doc.gif Testimonio de una ex-alumna de la Escuela Madre Raffo, Porto Alegre

 

CONTENIDO

bulletEl espíritu de la caridad - Artículo EL OBSERVADOR 26/11
bulletHOMILÍA DE MONS. COTUGNO EN LA CELEBRACIÓN DEL SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE
bullet

La Primera Comunidad de Hermanas del Huerto fuera de Italia: en Montevideo, Uruguay
18 de noviembre de 1856

bulletLas Hermanas del Huerto parten hacia Montevideo (Artículo publicado por el Semanario ENTRE TODOS)

doc.gif Declarado de Interés cultural por el Ministerio de Educación y Cultura los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América

bulletEVENTOS DEL SESQUICENTENARIO

doc.gifDeclarado de interés ministerial el SESQUICENTENARIO de la llegada de las Hermanas del Huerto al Uruguay

 

Testimonio de una ex-alumna

¡Buenas!

 

Soy brasileña y he participado del Encuentro de Exalumnos Huertanos-Gianellinos realizado en su Escuela en la semana pasada. Estudié en la Escuela Madre Raffo, que está ubicada en la ciudad de Porto Alegre, Rio Grande del Sur, en los años de 89, 90, 91 y 92. Hoy, tengo la felicidad de ser maestra en esa escuela y trabajar con las asignaturas de Lengua Española y Lengua Portuguesa. También tuve el honor de ser la única representante de la Escuela Madre Raffo en el encuentro (pues me fui con las exalumnas de la Escuela del Huerto de Uruguaiana). En primer lugar, quiero agradecer la hospitalidad y atención con que fuímos recibidas. Fue, sin duda, un momento único de cambios y experiencias, de conocer un poco más la historia de esas mujeres valientes que llegaron a América hace 150 años. Además de eso, el encuentro fue muy estimulante para reavivar mi fe y para seguir acá con un proyecto que tengo desde hace mucho, pero que, todavía, no sabía como ponerlo en marcha, que es mantener activo el grupo de exalumnos de la Escuela Madre Raffo y hacer con que, cada vez más, los jóvenes, como yo, participen.

 

Volví, con algunas direcciones electrónicas, que he cambiado con otras exalumnas, y con un preyecto: hacer una integración de mi escuela con las demás escuelas del Huerto de otros países, para que podamos cambiar experiencias, reavivar y mantener el espíritu Gianellino que nos guía. Ya mantengo contacto con la Escuela del Huerto de Rosario, Argentina, y me encantaría lograr mantener ese hilo, que me parece, empezó a ser tejido en el Encuentro, con la Escuela de Montevideo. Pienso que, con la tecnología de hoy, no es dificil poner en contacto nuestros alumnos y, también, los centros de exalumnos.

 

Para tanto, me encantaría recibir noticias del Colegio y Liceo Nuestra Señora del Huerto para que yo pueda darlas a los alumnos de la Escuela Madre Raffo. Lo que necesito es de una persona (o más) que esté dispuesta a mantener ese contacto y no dejar que el Encuentro de exalumnas se borre en nuestras recordaciones. Creo que es algo muy sencillo, sólo necesitamos de personas dispuestas a cambiar experiencias, informaciones y fortalecer el espíritu Gianellino. Agradezco la atención y tengo fe de que vamos a lograr tejer esa red entre Escuelas del Huerto. ¡Un abrazo! Sheila Bischoff Rocha Escola de Ensino Fundamental Madre Raffo Porto Alegre – Rio Grande do Sul – Brasil shebischoff@yahoo.com.br mraffo@terra.com.br eraffo@terra.com.br Teléfonos: (51) 32591113/ (51) 84255808

 

Edición EL OBSERVADOR del 26 de noviembre de 2006

HISTORIAS

El espíritu de la caridad

Las esperaron al pie del barco el entonces el presidente Gabriel Pereira y otras dignidades, y la procesión se hizo con una banda de música

POR ANDRÉS ALSINA

La escena se rememoró el viernes de la semana pasada tal cual la historia la recoge de aquel 17 de noviembre de 1856, hace 150 años: seis monjitas llegaron al puerto de Montevideo y caminaron por la rambla y luego por Maciel, sólo que en aquel entonces la calle se llamaba Santo Tomás, hasta lo que era el Hospital de la Caridad, hoy Maciel. Entraron allí para siempre; eran “las primeras religiosas sin clausura que conocimos en nuestro país”, escribió Juan Zorrilla de San Martín al describir la orden de las Hermanas de Nuestra Señora del Huerto.

 

Las esperaron al pie del barco el entonces el presidente Gabriel Pereira y otras dignidades, y la procesión se hizo al igual que el viernes, con una banda de música. Como entonces, eran las monjas seres recatados y de una resolución que hoy es leyenda. Venían de su Chiavari natal, en Génova, a un mundo desconocido del que sólo sabían que precisaba ayuda.

 

Eran los años del Uruguay sumido en el Sitio Grande, con un Hospital de Caridad en la indigencia y al borde de ser rematado. El próspero comerciante Juan Ramón Gómez, con la venia presidencial, se hizo cargo del clamor de los médicos por religiosas que vinieran a auxiliarlos pero ni en España ni en Francia logró eco: los ruidos criollos de guerra eran un fuerte disuasivo. Ya había decidido don Juan Ramón el regreso cuando se encontró en Génova con monseñor Magnasco: él le aseguró que las hermanas Gianellinas aceptarían la empresa.

 

Habló entonces con la Madre Clara, a quien se le abrió el corazón ante el dolor y la necesidad que se le describía: partió ella para Chiavari y llegó de noche, tanto, que ya ni respondían a la campanilla. La Madre Clara se puso entonces bajo una ventana, cuenta la historia mil veces repetida, y clamó: “Hermanas, no es hora de dormir que nos espera la misión”. En 48 horas estaban de viaje, superando contratiempos: sin comodidad, mal alojadas y pasando hambre. No pudieron bajar en Marsella por no tener visa, y en Lisboa porque la ciudad sufría el ataque del cólera. Tampoco en Tenerife, por los peligros que entrañaba la escala hecha en Lisboa, y en Bahía demoraron por rezar su regreso al barco cuando sintieron un cañonazo que advertía del incendio abordo. Por 20 días socorrieron a los heridos.

 

Los bahienses querían que se afincaran allí pero la madre Clara replicó, y esto también dice la leyenda: “Vivas o muertas debemos llegar a Montevideo”. Y aunque en Río de Janeiro una fuerte borrasca casi se lo impide, la historia es que una hermana arrojó una medalla al mar y éste calmó sus aguas.

 

Fue así que estas seis hermanitas llegaron a Montevideo y el 1 de diciembre de 1856 emprendieron su misión apostólico humanitaria en el hospital. Las esperaba, agazapado, el desafío de la fiebre amarilla, cuya primera oleada de cuatro meses, estalló en febrero, traída por cuatro pasajeros del paquebote inglés “Primavera”. Les pedirían su auxilio también desde Buenos Aires, luego atendieron a los heridos por la guerra civil en Paysandú y además enfrentarían dos epidemias de cólera, en 1867, y en 1871 en ambas orillas.

 

Ellas llamaban a la población a acudir a su amparo: “Siempre velaremos a vuestra cabecera solícitas para observar los menores síntomas de vuestra enfermedad”. Desde entonces están en el Hospital Maciel y también en el Escuela del Litoral, de Paysandú, pero también se dedicaron a la enseñanza, hoy en dos colegios y cinco colegio-liceos, entre los cuales el más notorio es el de Nuestra Señora del Huerto, de San José y Julio Herrera. Lo más importante sigue siendo la fe profunda y el respeto que transmiten estas hermanas con su sacrificio y entrega total; “el espíritu huertano”, como dicen las ex alumnas. No son sólo palabras: egresadas de hace 50 años, por ejemplo, se siguen reuniendo todos los meses para reivindicarlo. Ese espíritu es el que en verdad fue conmemorado con la excusa de la fecha.

 

Inicio

Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la celebración de los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América

Catedral de Montevideo, 18 de Noviembre de 2006

 

Los voy a saludar a todos, ustedes que están allí, de San José, de Montevideo, de Florida, de Pando, de Pirlápolis, de Paysandú, bienvenidos todos.

Están en su casa... porque la Catedral es la casa de Dios y de la familia de Dios y ustedes son hijos de Dios.

 

¿Porqué estamos en la casa de Dios todos juntos?, porqué queremos agradecerle un regalo enorme.

 

¿Porqué estamos aquí, porque esta fiesta grande? Por los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto... y ¿quiénes son las Hermanas del Huerto? lo dice su nombre completo “Hijas de María Santísima del Huerto”

 

¿Saben porqué está ese cuadro? Es María del Huerto, la Virgen. ¿De dónde viene la Virgen del Huerto?; aquí hay una hermana que viene de Génova, de donde salió el barco que trajo a las primeras hermanas.

 

¿Quién es el este Obispo del cuadro? San Antonio María Gianelli, bien... y ¿quien es?...el fundador de las Hermanas del Huerto.

 

Aquí hay un gran amigo de las Hermanas del Huerto que se sabe mucho de la historia de las Hermanas del Huerto, de su fundador, de cómo vinieron... él entonces le va a contar en una muy breve reseña esta historia de 150 años

y de cómo llegaron estas Hermanas aquí al Uruguay.

 

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Intervención de RAMON CUADRA

 

“Nuestras hermanas del Huerto llegan aquí a nuestro país más que Providencialmente; Isidioro Fernández que era un sacerdote había ido a Italia en busca de religiosas de vida activa para que sirvieran en el Hospital de Caridad, que ahora se llama Hospital Maciel.

 

Ciertamente no pudo cumplir su objetivo y unos días antes de su regreso a Uruguay cuando se encuentra con Monseñor Bagnasco en Roma y le cuenta que quería traer a nuestro país hermanas de vida activa y no había podido encontrar ninguna comunidad abierta a esta idea. El Obispo le aconsejó que llamara al capellán de las Hijas de María del Huerto y le aseguró que ellas vendrían.

 

Fue así que un 22 de agosto en la tarde a un 23, se prepararon para venir las Hermanas del Huerto aquí a Montevideo. “Hermanas no es hora de dormir América nos llama” le habría dicho su capellán. Siguiendo el espíritu de su Fundador Gianelli, que tenia ese fuego de la misión de anunciar a Cristo fuera donde fuera en el lugar que fuera, donde lo llamaron, así con ese ardor en el corazón y con el amor a Jesucristo y siguiendo el ejemplo de vida de su Padre Fundador, es que aquellas 8 primeras Hijas de María Santísima del Huerto se largan a la aventura abriendo el surco que iba a florecer en toda América.

 

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Monseñor Nicolás Cotugno: “El Señor nos ha hablado hoy y nos habla desde la presencia de las Hermanas en esta celebración del Sesquicentenario, nos habla desde su Fundador el Santo Obispo Gianelli pero más nos habla todavía de María.

Y hay una imagen que aparece en este Palabra de Dios, sobre todo en el Evangelio, “Yo soy el buen pastor”

 

¿Quién es el Buen Pastor? Es Jesús, Él da la vida por sus ovejas, y ¿las ovejas quiénes son? nosotros verdad. Es decir, Jesús da la vida por nosotros porque nos quiere y nos ama. Pero una vez Jesús se fue al cielo y ¿qué hizo? llama a personas, a hombres a todos los bautizados y en ellos pone algo en el corazón que Él tiene, el amor; porque Jesús tiene un corazón que ama. Porque ese amor que Él tiene que vino para salvarnos y se lo comunica a todos los nosotros familia cristiana pero a otras personas se lo manifiesta de una manera especial y muchos de ellos son instrumentos de ese amor, uno de ellos aquí en este cuadro: Monseñor Antonio Maria Gianelli, el fundador de la Congregación, él fundó a las Hermanas y a través de esta intervención de Jesús el Buen Pastor que lo llamó para que fundara esta congregación Él viene a nosotros como Buen Pastor.

 

¿Saben cuál es la gracias más grande que nosotros podamos decirles a las hermanas?... El gracias más grande que le podamos decir, así como Gianelli se dejó amar por Jesús y Él lo amó a Gianelli amándonos a todos nosotros, fundó esta Congregación, así también Jesús nos dice que cada una de las hermanas y toda la congregación están llamadas a amar por Jesús y todos nosotros que recibimos este amor de Jesús y lo manifestemos a todos los demás

 

Jesús es el Buen Pastor, Él hizo a Monseñor Gianelli y marcó en su corazón el amor de Dios, por este Amor Gianelli funda a las Hijas de María del Huerto y es a través de las Hermanas del Huerto que nosotros aprendemos a amar a Jesús y dar a otros el amor que viene de él.

Ustedes, queridos niños y jóvenes son partícipes del amor de Jesús Buen Pastor, del Hijo de Dios que da la vida por las ovejas.

 

Hoy les decimos a las Hermanas del Huerto y queremos ser como ustedes... no vistiendo el hábito –por ese es que  le pedimos al Señor vocaciones-

 

Algo a lo que estamos llamados a ser, que es amar a los demás como Monseñor Gianelli nos enseñó y como Jesús nos ama, Él mismo nos invita a amar y seguir amando a todos.

 

Las Hermanas del Huerto son como el rostro de Jesús vivo que Ama a sus ovejas con su corazón y fíjense que este rebaño se ha extendido u forma una sola comunidad: Montevideo, en San José, en Maldonado... En el Uruguay, la Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil, India, Italia, África, Estados Unidos...

 

Nosotros como Iglesia de Jesús, como lo hicimos ayer a través de un TE DEUM; “TE DEUM LAUDAMUS”, “Te alabamos Oh Dios”. Te alabamos Señor por la llegada de las hermanas a nuestro país y desde Montevideo para toda América Latina y ahora ofrecemos en esta Eucaristía estos 150 años de vida, de presencia. Por eso ofrecemos y ponemos estas intenciones sobre el altar para que Jesús nos ayude y para qué él sea Buen Pastor en cada uno de nosotros y que pueda contar con todos nosotros para su Iglesia.

 

Gracias por la actividad de las hermanas, por su amor, por la evangelización, por esta presencia de bien que hace en el mundo que él siga siendo nuestro Buen Pastor, dando la vida por nosotros.

 

A ustedes Hermanas gracias por dar la vida por Jesús y a través de Jesús por la iglesia a nuestros hermanos. Y hoy más que nunca le pedimos al Señor que les regale muchas más vocaciones para que puedan cumplir 150 años más, sino todo el tiempo que Dios tenga predestinado para su Gloria en este tiempo

 

Que así sea.

Inicio

Gianellinas, 150 años como misioneras en América Latina

Ocho religiosas Gianellinas partieron de Génova hacia Uruguay, después de tres meses de travesía por el océano Atlántico, desembarcaron en América Latina y comenzaron una nueva misión. Este hecho histórico sucedió hace 150 años: el viaje se realizó exactamente del 23 de agosto al 18 de noviembre de 1856 y fue recordado en un Congreso en el Palacio S. Jorge (en Génova), colmado de público.

   El hecho fue épico: “una aventura densa de riesgos con 50 posibilidades sobre 100 de terminar en el fondo del mar” ha subrayado Lorenzo Del Boca, Presidente Nacional de la Orden de los Periodistas, que ha reconstruido el contexto histórico en el cual comenzó la misión de las gianellinas en América. “Fue una iniciativa bendecida por el Señor – continuó Del Boca – durante el viaje las religiosas fueron salvadas milagrosamente dos veces: primero, se vieron envueltas en medio a un incendio, el cual destruyó casi toda la nave, y ellas se encontraron sobre el muelle a las tres de la madrugada; se vieron en medio a una tempestad: una de las religiosas tiró al mar una imagen de María Stella Maris, invocando la protección de la Virgen; cuando la medalla tocó el mar, las hondas se calmaron y se divisó al horizonte el puerto de Río de Janeiro” Del resto, la pronta disponibilidad al servicio ya desde los orígenes ha sido una característica fundamental de las religiosas gianellinas. El 12 de enero de 1829, cuando S. Antonio Gianelli en Chiavari reunió a las primeras doce jóvenes y fundó la Congregación de las Hijas de María SSma. del Huerto, lo hizo por una exigencia pastoral: se necesitaban buenas maestras para las pobres huérfanas reunidas en el hospicio de Caridad y Trabajo.

   La necesidad de proveer – ha puesto en evidencia Padre Enrico Bacigalupo, Arcipreste de la Iglesia San Juan Bautista de Chiavari – es y sigue siendo el impulso que mueve la obra de las religiosas gianellinas. El Fundador les pidió a ellas que se “santificaran colaborando a la santificación de los demás” y que fueran “donde otras no van”. Esta llamada se materializó nuevamente en el pedido de ayuda de parte del Uruguay. Las gianellinas aceptaron en un cerrar de ojos el partir para una destinación ya rechazada por las Hijas de la Caridad y a los dos días se embarcaron para América. “Las ocho religiosas misioneras – ha dicho Padre Bacigalupo - eran mujeres libres, abiertas a todos, comprometidas en el servicio, capaces de riqueza y de sensibilidad humana. Estaban llenas de una fuerza misionera al estilo femenino: creativas, perspicaces, llenas de gratitud. Han sido una síntesis de la cultura del corazón. Estas hermanas, primeras en América, han sido expresión de un signo evangélico de pobreza, con el corazón disponible, capaz de hospitalidad, y con el deseo de donar la vida”. La historia se repite.

   “Las primeras religiosas – ha contado Madre Antonietta Cappelli, Madre General de las Gianellinas – fueron llamadas par atender a los enfermos. Había muchos enfermos en Montevideo y no había nadie que se ocupara de ellos. Las hermanas llegaron al Hospital Maciel, donde están todavía; continúan comprometiéndose con pasión, con caridad evangélica: se acercan a ellos, hablan con los enfermos, les llevan comida si es que no tienen; continúan siendo ángeles de caridad. Me sorprende todavía la pasión de las hermanas, sobre todo de aquellas más ancianas, que quieren dar todo lo que pueden”.

   El Embajador de Uruguay, Ramón Carlos Abin De María ha agradecido por cuanto han hecho y continúan haciendo las gianellinas. La presencia de las hermanas en América latina poco a poco se fue extendiendo: están también en Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Bolivia; conducen muchos colegios para jóvenes; están presentes en hospitales; ahora se ocupan también de las niñas que provienen de familias en dificultad, las cuales se encuentran abandonas a sí mismas.

   El significado del Congreso histórico ha sido el de relevar cómo todavía hoy existan personas movidas por la fe para realizar el bien incansablemente. Se trata de religiosas, pero también de laicos. A la larga lista se ha agregado hace cinco años, la actriz Claudia Koll, que ha contado su historia personal.

   “El mundo necesita de hombres y mujeres que donen su vida por el Evangelio” ha dicho en la conclusión la Hna. Mauricia Pradovera, Superiora Provincial de las gianellinas, quien ha organizado el Congreso. Una vez más regresa el ejemplo de Madre Clara Podestá, quien escribía: “desearía hacerme mil pedazos: ayudar a todos, a todos”. Del Carisma de San Antonio maría Gianelli las misioneras habían extraído sobre todo dos valores: la pasión y la comprensión. “Los cristianos deben ser personas apasionadas” ha dicho la Hna. Mauricia. Gianelli afirmaba que “un hombre sin pasión es un imbécil” . “Pero la pasión - continuó la Hna. Mauricia – debe asumir los colores de la compasión, de la benevolencia, de la misericordia, del perdón. El desafío sigue siendo el de tender hacia la santidad”. Las exhortaciones de Gianelli siguen siendo actuales y estimulantes: “Cuídense de aquel maldito haré. Hagan poco, más háganlo en seguida”.

Alberto Viazzi

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Las Hermanas del Huerto parten hacia Montevideo

Un 23 de agosto de 1856, 8 hermanas del Huerto, parten de Génova – Italia hacia Montevideo guiadas por la Madre Clara Podestá hacia la nueva misión.

 

Montevideo asolada por la guerra, el Hospital de Caridad (hoy Hospital Maciel) llegó al extremo que se pensaba en su remate. Felizmente tomó la presidencia de la Comisión del hospital don Juan Ramón Gómez, ilustre comerciante. Un médico, le aconsejó a don Gómez que trajera religiosa pues había visto el trabajo que realizaban en Europa. Don Juan Ramón Gómez solicitó al Presidente de la República la autorización y por intermedio del Pbro. Isidoro Fernández encargó la tarea de buscar un equipo de religiosas que pudieran asumir la tarea en el Hospital.

 

Después de varias negativas recibidas en Europa, el P. Isidoro Fernández se encuentra en Génova  con Mons. Magnasco quien le aseguró que las religiosas Gianellinas aceptarían la empresa.

 

El 18 de noviembre de 1856 llegaron las 8 Hermanas  a esta ciudad de Montevideo en el barco italiano “Serdegna”. Se hicieron presentes a bordo los miembros de la comisión del Hospital, llevando la Bandera Nacional y condujeron a las Hermanas al muelle de la Aduana.

 

Arribaron al Hospital Maciel y el 1° de diciembre se hicieron cargo de la misión apostólica humanitaria del Hospital.

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La Primera Comunidad de Hermanas del Huerto

fuera de Italia: en Montevideo, Uruguay
18 de noviembre de 1856

Esto pretende ser una escueta reseña histórica de cada una de las Hermanas nuestras que integraron la primera comunidad, la de avanzada.

 

Corresponde antes que nada decir cómo estaba conformada esa Comunidad: La Superiora fue la Madre Clara Podestá, y con ella siete Hermanas: Alfonsa Corvino, Clara Adami, Crucifijo Rebuffo, Escolástica Celle, Felipa Solari, Inés Prefumo y Pietrina Ansaldo.

 

Madre Clara Podestá -  Que bien puede llamársela Fundadora del Huerto en América, nació en Chiavari  el 1° de agosto de 1815 y luego de ser el “alma Mater” de esta naciente y pródiga región septentrional de América, por designio de Dios va a terminar su largo peregrinaje en Roma  el   2de enero de 1869.

 

En la Historia del Instituto está sembrado por doquier el nombre de la M. Clara, pues que era ella la responsable de la Comunidad y la única autoridad en esta región. Acá sembró lo mejor de sus energías amorosas para dar vida a este Huerto que la llama MADRE, no por título de la responsabilidad que hubo de asumir, sino, porque, a la verdad, fue la Madre del Huerto en América. Sería de no acabar si se pretendiera describir la vida y obra de Madre Clara. Esta es su herencia: las Provincias de Montevideo, de Córdoba, de Buenos Aires, de Brasil, de Paraguay y de Chile, y, por si fuera poco,  a lo largo de los años, otras Hermanas, imbuídas del mismo espíritu y amor, prolongarían su obra hasta la Tierra Santa, donde se levanta como único recinto cristiano en el valle de Salomón , el Santuario de la Virgen del Huerto construído con el aporte de cristianos argentinos y uruguayos, bajo la guía del amor de otro hijo amoroso de María del Huerto, nuestro primer Arzobispo de Montevideo, Monseñor Mariano Soler.

 

 

Madre María Inés Prefumo - Nació el 19 de agosto de 1833 en una piadosa e ilustre familia, de la que aprendió virtudes que la caracterizaron a lo largo de su vida.

 

En 1814 entró como alumna en el Colegio de las Hijas de María en Chiavari , con sus dos hermanitas Rosa y Francisca. Allí también se educarían otras cuatro hermanas suyas. Mantuvo siempre una especie de veneración por sus educadoras a las que consideraba santas y siempre que se ofrecía la ocasión se mostraba afectuosa y agradecida hacia ellas. Sus sabias maestras fueron las Madres Clara Podestá y Josefa Rocca, que dejaron tal impronta en su alma juvenil.

Recibió el Sacramento de la Confirmación de manos de Mons. Antonio Gianelli en 1843. Cuando debió abandonar el Huerto de María para continuar estudios, le levantó un pequeño altar e invitaba a sus compañeras a rezar ante la imagen de la Virgen del Huerto. De regreso a su hogar continuó en el estilo de vida y piedad que la habían acompañado, y viendo la vanidad de las cosas terrenas, comparándolas con las eternas, se decidió a abandonar el mundo y consagrarse al Señor para siempre en la vida religiosa. Esto le trajo mucho sufrimiento y luchas angustiosas. Vencidas por fin las resistencias de sus padres, con la oración y las súplicas permanentes, logró su consentimiento y el 27 de abril de 1852 ingresó en el Instituto de Ntra. Sra. del Huerto a los 19 años de edad, y al vestir el hábito religioso el 9 de junio del año siguiente, tomó el nombre de María Inés y fue designada maestra al Colegio de Chiavari. El interés y amor con que atendía sus ocupaciones daban resultados inmediatos y muy satisfactorios. También aquí se desencadenó la guerra del demonio que intentó cuanto pudo, impedir que progresara en la virtud y hasta estuvo a punto de abandonar el Instituto por el cual tanto había luchado para entrar.

 

En sueños tuvo la visita del Padre Gianelli que tomándola de la mano le aseguró que debía permanecer en el Instituto donde haría mucho bien. Con esta santa paz de proceder como debía, derrotó al enemigo mortal y reconocía públicamente que a él debía la gracia de la perseverancia y lo sentía un poderoso intercesor ante Dios para el Instituto y las Hijas de María.

Luego de una fervorosa preparación la Hna. Ma. Inés hizo su Profesión Religiosa el 15 de octubre de 1854, invitando, con su ejemplo a su hermana menor, Hna.Ma. Filipina. Cuando en 1856 las Hijas de María del Huerto fueron llamadas a Montevideo, la Hna. Ma. Inés fue una de las elegidas.

Además la Hna. Ma. Inés tenía el cargo de Secretaria de la Madre Clara Podestá, que fue la primera Provincial en América, y el de Maestra de Novicias. Cuando se abrió en Montevideo, el primer colegio se confió la dirección a la Hna. Ma. Inés, siendo así que, a sus numerosas ocupaciones debió unir la enseñanza literaria y de labores, además de los viajes a  las distintas casas de Hermanas, según le encomendaba la Madre Clara.

 

Por su dedicación y amor, por lo incansable de su acción educadora, por la siembra evangélica que hizo constantemente en sus alumnas, hoy, el Huerto en América, podría proclamarla con razón: “Protectora de la Educación”.

 

A trece años de permanencia en América fue llamada a Italia, donde se le confió el cargo de Maestra de Novicias en Roma. Con el mismo amor y dedicación encaró la misión de infundir en las jóvenes el espíritu del Instituto de Gianelli, arte que ejerció durante tres años , y en los tres años siguientes desempeñó el rol de Vicaria de la Madre General. Amantísima del Instituto y deseando su prosperidad no temía afrontar cualquier trabajo. A ella se deben los apuntes y escritos que sirvieron de base para la primera historia del Instituto.

 

Es importante destacar, luego de toda esta explicitación de obrera incansable, sus virtudes humanas. Era muy sencilla en el modo de rezar, y decía que se las entendía con Dios a su manera. En ocasiones en que veía a sus Hermanas buscar algún libro ascético para perfeccionar algún ejercicio espiritual, solía decir riéndose: ”Queridas, aprendan bien el Padrenuestro”, queriendo destacar que es necesario mantener el espíritu de sencillez de que está impregnado el Instituto.

 

Era muy fervorosa en la oración, especialmente en el Rosario y el Vía Crucis y su unión con Dios se manifestaba apenas estaba en su presencia, expresión de fe viva que nutría la esperanza que la sostenía constantemente, aún en los proyectos más difíciles..

 

Muy austera consigo misma, era generosa y solícita con las Hermanas, en tanto para sí era muy parsimoniosa.

 

Avara del tiempo, hasta el fin procuró llenar sus obligaciones con todo celo y energía. Cuando por el cansancio dejaba de escribir, se dedicaba a coser, hacer escapularios y cosas parecidas.

 

Cuando se le preguntaba por su salud respondía con rostro placentero: ”Nos acercamos al paraíso”. El 29 de octubre de 1888 salió con la M. General y cuatro hermanas destinadas a la obra de Ostra Vetere. El día de Todos los Santos, mientras comía dijo: “Se sabe donde se nace pero no dónde se muere”, y luego le pidió permiso a la Madre para morir en ese lugar. La Madre General contestó: “Sea lo que Dios quiera”. Lejos estaba de pensar lo que sucedería luego sucedería. A la tarde se sintió mal, presa de fiebre, diagnóstico médico fulminante y una preparación a la muerte envidiable. El 5 de noviembre recibió el Santo Viático y la Unción de los Enfermos, y entre rezos, jaculatorias y profesión se fe en la Iglesia y el Instituto, quedó dormida con tal serenidad que no se cansaban de contemplarla.

 

 

Hermana María Petrona Ansaldo - Nacida en Génova se distinguió por su piedad y devoción desde niña. Cuando su edad se lo permitió, se inscribió en una congregación de jóvenes , cuyo fin era hacer obras de caridad los días domingos en el Hospital de Pammatone, peinando las enfermas y enseñándoles la doctrina cristiana. Esta práctica  la acompañó en el proceso de maduración de su vocación religiosa hasta que el 10 de febrero de 1854 ingresó en el Instituto de las Hijas de María del Huerto. La Maestra de Novicias en ese tiempo fue la Madre Clara Podestá, quien la ejercitó y probó realmente la veracidad de su vocación. Vistió el hábito religioso el 12 de agosto de 1855, y en el Noviciado, que en parte hizo en las escuelas de Camogli, siguí siempre atenta a su formación espiritual, siendo atenta, activa y generosa en prestar ayuda a las demás.Al acercarse el día de su profesión fue trasladada a Chiavari, cuando con toda urgencia debieron enviarse las Religiosas a América. Para completar el número de ocho Hermanas, se incluyeron dos Novicias, una de ellas fue la Hna. Pietrina. En la mañana de la partida se le informó el lugar al que había sido destinada, mostrándose satisfecha y dispuesta a partir. A las once de la mañana, en presencia de la Comunidad reunida, y ante el Vice director, acompañado por otros sacerdotes fue admitida, con su compañera de viaje a la Profesión Religiosa. A la una de la tarde visitaron el Santuario de Nuestra Señora del Huerto donde, después del canto de las letanías recibieron la bendición con el Smo. Sacramento y partieron rumbo a Génova acompañadas por la M. General. Era el 21 de agosto de 1856 y el 23 se embarcaron para América. Su viaje fue un verdadero martirio, tanto que hizo temer por su vida. No obstante ella se empeñaba en continuar allá donde el Señor la había destinado.

 

Al hacerse cargo del Hospital de Caridad, la Hna. Pietrina fue designada para la enfermería de los crónicos, donde demostró toda su caridad y diligencia a tal punto que los diarios de la época abundaban  en elogios y  alabanzas  cuando el Señor llamó a sí a nuestra Hermana. Su celo inextinguible, decían, quedó de manifiesto  cuando la fiebre amarilla en 1857, cuando el cólera y otras epidemias que asolaron la ciudad, en 1868, en Paysandú  durante la revolución de 1864 y en la guerra del Paraguay. No escatimaba esfuerzos para llevar un poco de alivio y consuelo a los pobres enfermos.

 

 

Hna. Ma. Escolástica Celle - Nació en Porto Venere (Spezia), el 31 de diciembre de 1821 y el 9 de abril de 1922, a los 100 años, 3 meses y 9 días, en Buenos Aires, dejaba esta tierra para reunirse en la Patria celestial  al abrazo eterno del Padre.

 

Sus padres la educaron en el santo temor de Dios y luego la confiaron a las Hermanas del Huerto. Allí progresó en saber y en virtud y tuvo la felicidad de recibir la Primera Comunión de manos de nuestro Santo y querido Padre Fundador. Más que nunca creció en su corazón el deseo de consagrase totalmente a Jesús, deseo que se hizo realidad el 9 de noviembre de 1839 cuando fue admitida en el primer noviciado, donde recibió el hábito religioso eñ 26 de mayo de 1840 y el 5 de setiembre de 1841 profesaba sus votos religiosos. En todas estas instancias, como en su fue admitida por el mismo P. Antonio Ma. Gianelli. De ahí se desprende que fuera realmente cuidadosa  y guardaba como tesoro los ejemplos que recibía de aquellas nuestras primeras Hermanas, que, bajo la sabia y santa guía de nuestro Fundador, iban configurando su vida religiosa gianellina.

 

En este espíritu ella se afianzó y sobre él modeló toda su larga vida. Cerca de 16 años ejerció en Italia su misión, pero, cuando en 1856 se realiza la primera partida para América, encontramos a la virtuosa Escolástica feliz de poder ofrecer a su celestial Esposo el sacrificio de abandonar su Patria, su familia, para ir a ofrecer su servicio de caridad allá donde El llamaba a las Hijas de María del Huerto. Su primer campo de apostolado fue el hospital de Montevideo y luego de algunos años pasó a Buenos Aires. En 1871 al Asilo de huérfanas, luego a Junín. En 1880 la M. Escolástica fue enviada como Superiora al Instituto Frenopático de  Buenos Aires donde pasó el resto de su vida.

Silenciosa, atenta porque no faltara nada a los enfermos, siempre amable y cortés, se ganó el ánimo de los enfermos y de los Administradores, de modo que le dejaban hacer cuanto ella creía bien a favor de la Obra. En adelante debió sufrir las pruebas a que expone el gran aprecio de los seglares, que se aunaban a juntar firmas para que la Madre Visitadora no les cambiase a la Superiora. Ella con valentía, dio ejemplo de desprendimiento y de real aprecio de su vida religiosa en la cual era observante, puntual y amante del retiro, no saliendo de casa si la caridad no se lo exigía, fiel a la oración, siempre dispuesta a la obediencia. Finalmente el 9 de abril de 1922, asistida por varios sacerdotes y confortada por los santos Sacramentos y la bendición papal, cerró los ojos a este mundo para abrirlos en el seno de Dios.

 

Hna. Ma. Alfonsa Covino - Nacida en Ceva  (Cuneo), a los 22 años abandonó su vida de familia para ingresar en nuestro Instituto. El 12 de agosto de 1855 vistió el Hábito y al año siguiente, en la misma fecha fue admitida a la Profesión de los Votos, rindiendo el sacrificio total de sí misma a Dios y 2 días después se unía  con total voluntad a las Hermanas que partían desde Génova para América, donde ejercitaría su apostolado.

 

Allí nuestra buena Hermana fue encargada del cuidado de los enfermos en el  Hospital de Montevideo, donde expuso  valientemente su vida por el bien del prójimo, máximamente en ocasión de la fiebre amarilla, y seguidamente dedicó su amoroso cuidado  a la instrucción y educación de las huérfanas que dejó la epidemia, en un apartamento del mismo hospital. Luego pasó, en calidad de Superiora al asilo de huérfanas y expósitos, donde prodigó sus maternos cuidados a aquellos pobrecitos. Habiendo cumplido 24 años de intensa actividad en América fue llamada a Italia a hacerse cargo del orfanato de Ausonia, en 1880; en 1891 pasa al hospicio de Caridad y Trabajo, en Chiavari, donde pronto de ganó la estima de loa administradores, el respeto y el amor de sus co-hermanas y alumnas, y allí recibió su corona. El 4 de abril de 1903, con gran paz en su corazón, como quien había hecho siempre la voluntad de Dios, con el nombre de Jesús en sus labios  entregaba su alma al Creador y Padre a los 71 años de edad y 49 de religiosa.

 

Hna. Ma. Crucifijo Rebuffo -   Nació en  Génova 1817 y en 1844 entrró en el Instituto, en Chiavari,el 4 de diciembre de1845 vistió el Hábito Religioso y a los diez días hizo su Profesión,siendo enviada enseguida a Ventimiglia,dedicándose con gran empeño y amor a la educación de aquellas niñas que sacaron mucho fruto. En Triora tuvo a su cargo las niñas y también atendió a los enfermos. Al organizarse la Comunidad que debía venir a América, fue elegida por su gran ánimo y buena voluntad, apesar de ser de índole tímida. Cumpliendo esa obediencia emprendió el penoso viaje durante el cual fue de gran ayuda a la Madre Clara y Hermanas, pues fue la única que no padecía el mal del mareo y asistía con toda amabilidad alas otras. En este mismo viaje dio pruebas de caridad heroica asistiendo a una señora que contrajo la fiebre amarilla y murió en pocos días.

En el Hospital de Montevideo, fue incansable en atender a los enfermos y ayudarlos a lograr su salvación eterna. Era muy inclinada a la oración y a las prácticas de piedad, y cuando la Superiora le hacía alguna observación al respecto, sujetándose al espíritu del Instituto obedecía con toda docilidad. Era muy cuidadosa del deber de dar testimonio de alegría en la vida consagrada; en todo era mortificada: en el alimento, en el sueño, en el vestir y estar siempre dispuesta a cualquier fatiga, como lo demostró en la atención de enfermos contagiosos y en curar los heridos de guerra, en la toma de Paysandú.

 

La partida de la Madre Provincial para Roma fue el mayor sacrificio que el Señor le pidió y esta prueba le dio ocasión de unirse más estrechamente aDios y dio ejemplo de real virtud. Hizo con gran fervor los Santos Ejercicios,como si fueran los últimos, y realmente lo fueron.

 

Había pasado su vida en buena salud y aunque sufría algunas molestias no les dio importancia. Terminados los Ejercicios algunas Hermanas debían ir al Hospital Vilardebó, fuera de la ciudad y la Hna. Crucifijo pidió acompañarlas porque sentía que necesitaba tomar un poco de aire. Selo concedieron encargándole  las huérfanas para que las llevara a pasear. Salió contenta, pero, amitad del viaje, de

improviso se le oscureció la vista y ses intió desfallecer. La llevaron a la enfermería, donde de inmediato la atendió un médico del Hospital, pero todo fue en vano:ella agonizaba. Sólo,hubo tiempo de llamar al Secretario del Obispo, de la Parroquia vecina para que recibiera la santa absolución. LLegaron también algunas Hermanas del Hospital y la Hna. Ma.Crucifijo les dio el adiós con una dulce sonrisa. A una Hermana que le dijo que nunca la había visto tan alegre, le confesó: "Es verdad, por gracia de Dios, gozo, de hace algún tiempo, de gran paz y alegría".

Una buena Hija de María debe estar siempre pronta para ir al encuentro de su Divino Esposo y ella verdaderamente lo estaba. Fue admirable la serenidad y la paz que demostró hasta el último momento, y que después se traslucía en su semblante. Era el 2 de octubre de 1867, a los cincuenta años de edad.

 

Suor Filipa Solari - Assunta, al recibir el Bautismo, nació en Bacezza -Chiavari

en 1824. Entró en el Instituto el 5 de noviembre de 1848, en Chiavari, visitendo el Hábito el 4 defebrero de 1850, y realizó su Profesión Religiosa,un año más tarde, el 6 de febrero de 1851. Se destacó por su gran espíritu de servicio humilde y alegre no importándole la fatiga, especialmente si tenemos en cuenta que las Hermanas que elegían el servicio de la casa, estaban sometidas a una fatigosa y permanente tarea, sin días libres, o aliviados, si no era por la ayuda de alguna otra Hermana. Hoy todas las tareas del hogar están siendo aliviadas con máquinas y técnicas, que permiten con menos tiempo y cansancio lograr rápidos resultados. Siendo destinada a América, lo aceptó con gran sacrificio, pero con exquisita alegría y obediencia.

No obstante, a juzgar por su final, debemos entender que sufriría mucho aún físicamente, ya que fue  una úlcera lo que la llevó a la eternidad, el 25 de junio de 1889 en Montevideo, donde hoy es Casa Provincial y Colegio San Luis.

 

Suor Chiara Addani - Nacida en S. Stefano, (Sestri Levante), en 1821, recibió el nombre de Magdalena en el Bautismo. Inició el postulantado en Chiavari el 21 de febrero de 1844, vistiendo el Hábito Religioso el 9 de marzo de 1845. El 12 de marzo de 1846 hacía su Profesión Religiosa. Ejerció el sencillo oficio de servir a la Comunidad, y esto le permitía un poco más de independencia en cuanto a no estar sometida a determinadas costumbres que las otras Hermanas debían practicar, por ejemplo, salir a hacer las provisiones sin necesidad de contar con la compañía de otra Religiosa. Sin embargo no se tomaba ocasión que no fuera para el cumplimiento de sus deberes o para ejercer el apostolado. A las Hermanas que hacían esta elección de oficio al entrar en el Instituto, se les concedía un hábito diverso, que fuera más práctico y se las denominaba  Sor,en vez de Hermana. Hay escasos datos de esta época, por lo que se comprende que si fue elegida para integrar la primera Comunidad que salía de Italia, y contando ya 10 años de Profesión, habría dado más que muestras de su ánimo  y disponibilidad, de su  amoroso servicio y de su caridad imparcial. Nuestra Hermana entregó su vida definitivamente, para entrar en la eternidad del abrazo de Dios, el 7 de octubre de 1891, en Montevideo.

 

La Provincia de Montevideo, rinde hoy culto agradecido a la Madre Clara y a cada una de las Hermanas que nos regalaron, con sus vidas, el rico carisma del Padre Fundador Antonio María Gianelli, canonizado por el Papa Pío XII, el 21 de octubre de 1951.

 

 

Lugar y fecha de Nacimiento y lugar y fecha de muerte de las Hnas. De la 1era. Comunidad que vino a  América:

 

1 - Madre Clara Podestá - Chiavari 1/8/1815 - Roma   2/1/1869

2 - Suor Filipa Solari - (Assunta) Bacezza -Chiavari 1824 - Montevideo  25/6/1889

3 - Suor Chiara Addani (Magdalena) - Sestri Levanti 1821 - Montevideo 7/10/1891

4 - Hna. Ma. Escolástica Celle - P.Venere (Spezia), 31/12/1821  Buenos Aires 9/4/1922

5 - Hna. Ma. Alfonsa Covino -  Ceva  (Cuneo),  1832 - Chiavari  4/4/1903

6 - Hna. Ma. Crucifijo Rebuffo -    Génova 1817 - Montevideo 2/10/1867

7 - Hna. Ma. Inés Prefumo -  Génova 19/8/1833 - Ancona - Italia 5/11/1888

8 - Hna. Ma. Petrona Ansaldo - Génova 1830 - Montevideo 24/1/1886

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Las hermanas del Huerto parten hacia Montevideo
Un 23 de agosto del año 1856, cuando Montevideo se aprestaba a inaugurar el nuevo Teatro Solís, 8 hermanas del Huerto, parten de Génova hacia Montevideo, guiadas por la Madre María Clara Podestá. Invitamos a nuestros lectores a recorrer con ellas el camino hacia ese nuevo destino.

Con entusiasmo y alegría

No se puede imaginar lo que pasaría en el corazón de la Madre Clara, al emprender ese viaje hacia la nueva misión. Es indescriptible expresar lo que se siente de entusiasmo, alegría desbordante, expresada en cantos y fervorosa oración, cuando alguien y más un equipo asume un viaje como ese.

El Hospital de Caridad, en crisis

Demos un vistazo a la ciudad de Montevideo, asolada por la guerra. El Hospital de Caridad (hoy Maciel), llegó a tal extremo que se pensaba en su remate. Felizmente tomó la presidencia de la Comisión del hospital don Juan Ramón Gómez, ilustre comerciante. Un médico, que había visto la experiencia de unas religiosas que atendían la organización de un hospital en París donde había estudiado medicina, le aconsejó a don Gómez, que esas religiosas eran las indicadas para cuidar enfermos y mantener el orden del lugar.

A la búsqueda de una congregación religiosa

El novel presidente de la Comisión, no perdió tiempo, solicitó al Presidente de la República la autorización y por medio del Presbítero Isidoro Fernández de Salto encargó la tarea de buscar un equipo de religiosas que pudiera venir a Montevideo. El P. Isidoro buscó inútilmente en España y Francia, la mayoría de las congregaciones consultadas aducían que el estado de guerra en que vivía Montevideo, le impedían venir.
El P. Isidoro estaba dando por fracasado la tarea encomendada, cuando en Génova encontró a Monseñor Magnasco quién le aseguró que las Hermanas Gianellinas aceptarían la empresa. El encontrar a la Hermana Clara en Génova la entrevistó exponiéndole la naturaleza del pedido encomendado desde Uruguay. A la Madre Clara se le abrió el corazón y aceptó la propuesta condicionada a que la Madre Superiora consintiera.

El sí, y la puesta en marcha

La religiosa partió así hacia Chiavarí, donde llegó de noche, tocó la campana pero nadie respondía, toda la comunidad estaba durmiendo ya.
Entonces la madre Clara se colocó bajo una ventana y exclamó: “Hermanas no es hora de dormir, nos espera la misión”. Al oír la voz de la madre Clara se levantaron inmediatamente y esa misma noche respondieron que sí. A la mañana siguiente se realizó la vestición y profesión y en 48 horas prepararon el viaje.

Las primeras dificultades del viaje

Las recibe el vapor “Piemontés”, y así el 23 de agosto de ese 1856, parten, en condiciones no muy buenas. Al arribar a Marsella no pueden bajar, por no tener el Visto Bueno del Consulado francés y así pasan necesidades, entre otras el estar mal alojadas y con hambre. Providencialmente el Padre misionero Lorenzo Pucinelli las consoló y pidió por ellas al comandante y a los camareros que les dieran ayuda. Debieron cambiar de barco y así llegan a Málaga, en ese puerto, las religiosas de esa ciudad fueron a recibirlas al barco y luego las llevaron a su casa y a la Catedral del lugar donde oyeron Misa y las volvieron al barco despidiéndolas con gran afecto.

Lisboa, Tenerife, Bahía

Arriban a Lisboa, donde no pueden bajar por una epidemia de “cólera morbos”.
Parten rumbo a las Islas Canarias, donde arriban al puerto de Tenerife el 8 de setiembre, día de la Natividad de la Virgen, pero no las dejan bajar a puerto, pues el buque había tocado Lisboa y la amenaza de epidemia era motivo para impedir el descenso de pasajeros. Pero al oír el repique de las campanas que llamaban a fiesta las llenó de gozo.
Luego de atravesar el Atlántico, llegan a Bahía, Brasil, donde una señora que enviudó en el viaje de ida hacia Europa y a quién habían consolado y ayudado, las llevó a su casa ofreciéndoles de todo y quiso retenerlas por esa noche, pero la Madre Clara quiso regresar al Barco.

El incendio, la invitación a quedarse en Bahía

Por todos los beneficios recibidos todas las religiosas dieron gracias a Dios, rezando el “Te Deum”. La Madre Clara se quedó rezando cuando de pronto sintió una fuerte sacudida. Corrió a avisar que algo pasaba, pero le contestaron que no ocurría nada. Finalmente un marinero exclamó: “Pasajeros, pasajeros, pronto que nos quemamos, nos quemamos”. Todos asustados corrieron a medio vestir, y con un cañonazo llamaron al Capitán que estaba en tierra.
Las hermanas se pusieron en las manos de Dios, esperando, pero alguien les dijo: “No hermanas, no es tiempo de esperar, ustedes deben salvar muchas vidas” y las ayudaron a bajar. Eran las tres de la madrugada. Eligieron el convento de las hermanas Vicentinas, quienes les prodigaron toda clase de atenciones. Durante los 20 días que permanecieron en Bahía, los obispos las visitaban y les pedían que quedasen allí. Y les ofrecieron todo lo necesario, casa, quinta, etc. Pero la Madre Clara contestó: “Vivas o muertas debemos llegar a Montevideo”.

Río de Janeiro, un mes en la espera

El 7 de octubre partieron para Río de Janeiro, en un vapor francés, mal alojadas pues el barco estaba lleno de pasajeros. Se salvaron milagrosamente de una fuerte borrasca. Una hermana arrojó una medalla al mar y éste se calmó.
En Río de Janeiro debieron permanecer casi un mes y allí a las hermanas les toco vivir grandes sufrimientos.

El arribo a Montevideo, la llegada al Maciel

Finalmente el 18 de noviembre de 1856, llegaron las 8 hermanas a esta ciudad en el barco italiano “Serdegna”. Se hicieron presentes a bordo los miembros de la Comisión del Hospital, llevando la bandera nacional, y condujeron a las hermanas al muelle de la Aduana. Allí estaba esperándolas las señoras de la comisión y muchos habitantes de este Montevideo, todavía muy colonial. Los carruajes apostados para conducirlas a su alojamiento en el Hospital se pusieron en camino en medio del alborozo y de repiques de campanas de las Iglesias de nuestra ciudad.
Arribaron al Hospital Maciel, donde les sirvieron refrescos y ocuparon unas habitaciones provisorias.
El 1ro. de diciembre de ese 1956, tomaron posesión de su misión apostólica humanitaria en el Hospital, pero ésta será otra historia que les acercaremos oportunamente.
Fuente: ENTRE TODOS, Semanario de la Arquidiócesis. Nº 134

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