|
|
|
|
150
años de presencia en la Iglesia latinoamericana Palabras
de la Madre General Hna. Maria Antonietta Cappelli Catedral de Montevideo, 18 de noviembre de 2006
|
|
150
años de presencia en la Iglesia latinoamericana Palabras
de la Madre General Hna. Maria Antonietta Cappelli |
|
En
la Biblia leemos que Dios, después de haber guiado a su pueblo durante
40 años por el desierto y cuando en el horizonte se divisaba la tierra
prometida, les dirigió estas palabras: “acuérdate de todo el camino
que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer durante estos años… ” También
nosotras, Hijas de María Sma. del Huerto hemos hecho tanto camino bajo
la mirada amorosa de Dios y de la Virgen del Huerto, que nos han guiado
por los diversos senderos del mundo durante estos 150 años de fidelidad
al Señor y de generoso servicio a los hermanos. Es
hermoso hacer memoria del inicio de una historia de 150 años, durante
los cuales se ha hecho tanto bien a los pueblos de América Latina y a
toda la Iglesia. Es importante hacer memoria del intrépido coraje de
ocho mujeres que, sin conocer el idioma y ni siquiera el lugar hacia
donde se dirigían, dejaron todas sus seguridades para aventurarse hacia
tierras lejanas donde Dios les llamaba a llevar su mensaje de amor,
confiando únicamente en su ayuda y en aquella de la Virgen María. Es
justo recordar a la Madre Clara Podestá que, a la guía de este primer
grupo de hermanas, no escatimó sacrificios, ni se guardó celosamente
los dones recibidos, sino que se dedicó por entero a la causa del
Reino.
Las
Hermanas, acompañadas por la Madre Clara y guiadas por una ardiente y
heroica caridad, se pusieron al servicio del pueblo uruguayo: supieron
inclinarse sobre el dolor de los enfermos, de los encarcelados…
volaron hacia los lugares donde las llamaba la necesidad de los
hermanos, ocultando con la sonrisa todo tipo de sufrimiento personal. La
presencia de las Hermanas era siempre motivo de alegría. Rápidamente
se conquistaron la estima de la gente, porque se dedicaron pronta y
generosamente al servicio de todos.
En
las desgracias causadas por las epidemias, las guerras y las catástrofes
naturales, las intrépidas misioneras estaban siempre presentes, prontas
a aliviar una herida, a enjugar una lágrima, a pronunciar una palabra
de consuelo. La opción
preferencial por los pobres y por los que más sufren fue el medio a
través del cual encarnaron el carisma Gianellino en América Latina. El
ministerio de caridad que realizaron fue intenso y muy pronto fueron
identificadas como “Hnas. de la caridad” Efectivamente,
el 6 de junio de 1860, el presidente de la comisión de caridad del
Hospital Maciel quien acogió a las Hermanas, escribía a la Madre
Catalina Podestá, entonces Superiora General: sus Hermanas “… son
las sacerdotisas de la humanidad…
ellas realizan una misión humanitaria y civilizadora; curando el
cuerpo, forman el espíritu, donando consolación y saber”. Esta
celebración nos invita a volver a los orígenes y nos da la posibilidad
de tomar conciencia del bien que Dios ha realizado, a través de
nosotras, en favor de la humanidad. No obstante nuestras debilidades y
pecados nos invita a redescubrir nuevo aspectos de nuestro carisma para
poder irradiarlo en el mundo de hoy. Gianelli, hombre fuertemente
apasionado por Dios y por la humanidad, en el momento histórico que le
tocó vivir dio lo mejor de sí para responder a las necesidades de los
hombres y las mujeres de su tiempo. Hoy nos toca a nosotras reavivar la
esperanza, percibir en la situación actual la presencia siempre activa
del Espíritu que nos da luz y fuerza para encarnar el carisma y
responder, con valentía y confianza, a las necesidades materiales y
espirituales de nuestros hermanos. En
esta ocasión, guiadas por la caridad
evangélica vigilante, queremos caminar, en la historia, enfrentando
con coraje los desafíos siempre nuevos de nuestro tiempo, manteniendo
encendida la llama del ardor misionero que Gianelli y nuestras primeras
Hermanas nos transmitieron, para hacernos puente entre Dios y la
humanidad así como lo fueron ellos. Queremos redescubrir y valorar el
don de la consagración religiosa entre memoria y futuro y renovar
nuestro compromiso de dar una respuesta siempre más fiel a Cristo
teniendo siempre ante los ojos el bien de la humanidad. Ayudadas por
nuestros hermanos en la fe, sobre todo de ustedes aquí presentes,
queremos continuar el camino, juntos, con el compromiso común de
construir un mundo más justo, más solidario, más sereno, en comunión
con Dios y entre todos sus hijos. Sólo así el hombre recuperará su
dignidad plena. Quiera
Dios que se pueda decir también hoy de las Hermanas del Huerto aquello
que el director del hospital Maciel escribió a la Madre Catalina: las
Hermanas “… son las sacerdotisas
de la humanidad … la misión que realizan es humanitaria y
civilizadora; curando el cuerpo, forman el espíritu, donando consolación
y saber”. Gracias por la participación y la escucha. |
Hospital
Maciel |
|
Hoy,
a distancia de 150 años, en un contexto social completamente diverso de
aquél en el cual vivieron nuestras primeras hermanas, pero no menos
necesitado de respuestas atentas y cualificadas, hacemos memoria de su
heroica caridad. Ellas llegaron a este nuevo continente cuando:
- la gran
pobreza nutría el valiente desafío de los inmigrantes,
- la mujer fácilmente
era sometida por una mentalidad y gestión social machista,
- la mujer
estaba fácilmente encerrada en las ocupaciones del trabajo agrícola,
artesanal o doméstico,
- la cultura
estaba dominada por el poder político, En
este clima y contexto social, surgen mujeres con una presencia diversa:
no mujeres
sometidas, sino libres
no mujeres
cerradas, sino abiertas a todos
no mujeres
ligadas a los poderes, sino al servicio
no mujeres egoístas,
sino fuertemente capaces de riqueza y sensibilidad humana En
ellas se expresa en manera significativa la fuerza misionera femenina, ·
apasionada
por el evangelio y sus exigencias de dignidad y caridad, el sentido de sus
vidas ·
capaz
de suscitar novedad también en los diversos contextos sociales
encontrados, ·
creativa
y perspicaz, · colmada de gratitud. Y
cuán grande sea esta capacidad y voluntad de donar la vida, es decir de
promover y mejorar la vida, lo podemos deducir de un texto del escritor
Facundo Zuviria: “Las Hijas de María son… el resumen sublime de la cultura del corazón, el gran principio de la verdadera sociabilidad humana realizado por el sentimiento de la caridad que no se cansa, que vence todos los obstáculos, que considera todos los genios, respeta todas las creencias y disimula todos los errores, porque, en cada hombre, no ve el individuo sino la especie, con todas sus modificaciones” (Las Hermanas de Caridad – F. Zuviría, 1856 Montevideo). “… Hoy al recordar el pasado, para trenzar los hilos numerosos de la Bondad Divina, elevamos la mirada pura y agradecida hacia el Dios del amor y de la Misericordia, reconociendo que el dolor nunca es inútil, que el sacrificio, aunque hecho en la oscuridad del trabajo cotidiano, ES SIEMPRE FECUNDO” (Relación del primer viaje, manuscrito, Roma 41) Unida a las Madres y a todas las Hijas de María, doy gracias al Señor por todo el bien que se ha realizado en este continente a través de las Hermanas, y agradezco también a ustedes, queridas exalumnas por esta placa recordatoria querida por ustedes, porque ustedes son la expresión concreta, el fruto de la misión de nuestras Hermanas en estas tierras Latinoamericanas.
¡Gracias!
Que Dios las bendiga a ustedes, a sus familias y todo lo que han realizado
y realizarán, con autentico espíritu de colaboración, no sólo para
solemnizar este gran acontecimiento, sino también para comunicar a sus
hijos y a todos aquellos que se acercan a ustedes, los valores cristianos
que inspiran sus vidas y con los cuales contribuyen a hacer que el mundo
sea más justo y humano. |