:::Hijas de María Santísima del Huerto en el Uruguay::: 2006 | 150 AÑOS de la llegada de las primeras hermanas al Uruguay

 

150 años de presencia en la Iglesia latinoamericana

Palabras de la Madre General

Hna. Maria Antonietta Cappelli

Catedral de Montevideo, 18 de noviembre de 2006


Descubrimiento de una Placa conmemorativa de los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América

Hospital Maciel
Viernes 17 de noviembre de 2006

 

1856 – 2006

150 años de presencia en la Iglesia latinoamericana

Palabras de la Madre General

Hna. Maria Antonietta Cappelli

En la Biblia leemos que Dios, después de haber guiado a su pueblo durante 40 años por el desierto y cuando en el horizonte se divisaba la tierra prometida, les dirigió estas palabras: “acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer durante estos años… ”

 

También nosotras, Hijas de María Sma. del Huerto hemos hecho tanto camino bajo la mirada amorosa de Dios y de la Virgen del Huerto, que nos han guiado por los diversos senderos del mundo durante estos 150 años de fidelidad al Señor y de generoso servicio a los hermanos.

 

Es hermoso hacer memoria del inicio de una historia de 150 años, durante los cuales se ha hecho tanto bien a los pueblos de América Latina y a toda la Iglesia. Es importante hacer memoria del intrépido coraje de ocho mujeres que, sin conocer el idioma y ni siquiera el lugar hacia donde se dirigían, dejaron todas sus seguridades para aventurarse hacia tierras lejanas donde Dios les llamaba a llevar su mensaje de amor, confiando únicamente en su ayuda y en aquella de la Virgen María. Es justo recordar a la Madre Clara Podestá que, a la guía de este primer grupo de hermanas, no escatimó sacrificios, ni se guardó celosamente los dones recibidos, sino que se dedicó por entero a la causa del Reino.            

 

Las Hermanas, acompañadas por la Madre Clara y guiadas por una ardiente y heroica caridad, se pusieron al servicio del pueblo uruguayo: supieron inclinarse sobre el dolor de los enfermos, de los encarcelados… volaron hacia los lugares donde las llamaba la necesidad de los hermanos, ocultando con la sonrisa todo tipo de sufrimiento personal. La presencia de las Hermanas era siempre motivo de alegría. Rápidamente se conquistaron la estima de la gente, porque se dedicaron pronta y generosamente al servicio de todos.     

 

En las desgracias causadas por las epidemias, las guerras y las catástrofes naturales, las intrépidas misioneras estaban siempre presentes, prontas a aliviar una herida, a enjugar una lágrima, a pronunciar una palabra de consuelo. La opción preferencial por los pobres y por los que más sufren fue el medio a través del cual encarnaron el carisma Gianellino en América Latina. El ministerio de caridad que realizaron fue intenso y muy pronto fueron identificadas como “Hnas. de la caridad  

 

Efectivamente, el 6 de junio de 1860, el presidente de la comisión de caridad del Hospital Maciel quien acogió a las Hermanas, escribía a la Madre Catalina Podestá, entonces Superiora General: sus Hermanas “… son las sacerdotisas de la humanidad… ellas realizan una misión humanitaria y civilizadora; curando el cuerpo, forman el espíritu, donando consolación y saber”.

 

Esta celebración nos invita a volver a los orígenes y nos da la posibilidad de tomar conciencia del bien que Dios ha realizado, a través de nosotras, en favor de la humanidad. No obstante nuestras debilidades y pecados nos invita a redescubrir nuevo aspectos de nuestro carisma para poder irradiarlo en el mundo de hoy. Gianelli, hombre fuertemente apasionado por Dios y por la humanidad, en el momento histórico que le tocó vivir dio lo mejor de sí para responder a las necesidades de los hombres y las mujeres de su tiempo. Hoy nos toca a nosotras reavivar la esperanza, percibir en la situación actual la presencia siempre activa del Espíritu que nos da luz y fuerza para encarnar el carisma y responder, con valentía y confianza, a las necesidades materiales y espirituales de nuestros hermanos.

 

En esta ocasión, guiadas por la caridad evangélica vigilante, queremos caminar, en la historia, enfrentando con coraje los desafíos siempre nuevos de nuestro tiempo, manteniendo encendida la llama del ardor misionero que Gianelli y nuestras primeras Hermanas nos transmitieron, para hacernos puente entre Dios y la humanidad así como lo fueron ellos. Queremos redescubrir y valorar el don de la consagración religiosa entre memoria y futuro y renovar nuestro compromiso de dar una respuesta siempre más fiel a Cristo teniendo siempre ante los ojos el bien de la humanidad. Ayudadas por nuestros hermanos en la fe, sobre todo de ustedes aquí presentes, queremos continuar el camino, juntos, con el compromiso común de construir un mundo más justo, más solidario, más sereno, en comunión con Dios y entre todos sus hijos. Sólo así el hombre recuperará su dignidad plena.

Quiera Dios que se pueda decir también hoy de las Hermanas del Huerto aquello que el director del hospital Maciel escribió a la Madre Catalina: las Hermanas “… son las sacerdotisas de la humanidad … la misión que realizan es humanitaria y civilizadora; curando el cuerpo, forman el espíritu, donando consolación y saber”.

 

Gracias por la participación y la escucha.   

 

 

Descubrimiento de una Placa conmemorativa de los 150 años de la llegada de las Hermanas del Huerto a América

Hospital Maciel
Viernes 17 de noviembre de 2006

Hoy, a distancia de 150 años, en un contexto social completamente diverso de aquél en el cual vivieron nuestras primeras hermanas, pero no menos necesitado de respuestas atentas y cualificadas, hacemos memoria de su heroica caridad. Ellas llegaron a este nuevo continente cuando:

      - la gran pobreza nutría el valiente desafío de los inmigrantes,

      - la mujer fácilmente era sometida por una mentalidad y gestión social machista,

      - la mujer estaba fácilmente encerrada en las ocupaciones del trabajo agrícola, artesanal o doméstico,

      - la cultura estaba dominada por el poder político,

 

En este clima y contexto social, surgen mujeres con una presencia diversa:

      no mujeres sometidas, sino libres

      no mujeres cerradas, sino abiertas a todos

      no mujeres ligadas a los poderes, sino al servicio

      no mujeres egoístas, sino fuertemente capaces de riqueza y sensibilidad humana

 

En ellas se expresa en manera significativa la fuerza misionera femenina,

·         apasionada por el evangelio y sus exigencias de dignidad y caridad, el sentido de sus vidas

·         capaz de suscitar novedad también en los diversos contextos sociales encontrados,

·         creativa y perspicaz,

·         colmada de gratitud.

Y cuán grande sea esta capacidad y voluntad de donar la vida, es decir de promover y mejorar la vida, lo podemos deducir de un texto del escritor Facundo Zuviria:

 “Las Hijas de María son… el resumen sublime de la cultura del corazón, el gran principio de la verdadera sociabilidad humana realizado por el sentimiento de la caridad que no se cansa, que vence todos los obstáculos, que considera todos los genios, respeta todas las creencias y disimula todos los errores, porque, en cada hombre, no ve el individuo sino la especie, con todas sus modificaciones” (Las Hermanas de Caridad – F. Zuviría, 1856 Montevideo).

 “… Hoy al recordar el pasado, para trenzar los hilos numerosos de la Bondad Divina, elevamos la mirada pura y agradecida hacia el Dios del amor y de la Misericordia, reconociendo que el dolor nunca es inútil, que el sacrificio, aunque hecho en la oscuridad del trabajo cotidiano, ES SIEMPRE FECUNDO” (Relación del primer viaje, manuscrito, Roma 41)

Unida a las Madres y a todas las Hijas de María, doy gracias al Señor por todo el bien que se ha realizado en este continente a través de las Hermanas, y agradezco también a ustedes, queridas exalumnas por esta placa recordatoria querida por ustedes, porque ustedes son la expresión concreta, el fruto de la misión de nuestras Hermanas en estas tierras Latinoamericanas.

 

¡Gracias! Que Dios las bendiga a ustedes, a sus familias y todo lo que han realizado y realizarán, con autentico espíritu de colaboración, no sólo para solemnizar este gran acontecimiento, sino también para comunicar a sus hijos y a todos aquellos que se acercan a ustedes, los valores cristianos que inspiran sus vidas y con los cuales contribuyen a hacer que el mundo sea más justo y humano.

 

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