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Semanario "Brecha" de la República Oriental del Uruguay- 3 de julio de 1998- |
ESTRÉS GRAVITACIONAL
La celeste en el
laboratorio
Durante veinte años trabajaron en silencio, sin apoyo alguno del Estado ni del extranjero. Pero las médicas uruguayas Elida y María Eloísa Isasi descubrieron una terapia para una grave enfermedad. A partir de su éxito reclaman recursos para seguir trabajando.
SE TRATA DEL LLAMADO estrés gravitacional (EG) que, aplicado en pacientes con diversas patologías ha demostrado producir efectos terapéuticos alentadores, especialmente para los enfermos de una dolencia hasta ahora incurable: la esclerodermia sistémica.
Elida y María Eloísa Isasi, cardiólogas del Hospital Maciel junto con los dermatólogos y ex docentes de la Facultad de Medicina Raúl Vignale y Ana Cassinelli, recibieron a BRECHA para compartir el relato del largo camino que recorrieron.
"Lo novedoso de todo esto es la aplicación del EG como terapia - dice María Eloísa Y explica: El EG es el conjunto de modificaciones que se opera en el funcionamiento del organismo humano cuando es sometido a intensas variaciones de la fuerza gravitacional por medio de la centrifugación.
La centrifugación humana se realiza en un aparato especialmente concebido a esos fines, que imprime al sujeto (es decir, variaciones) de aceleraciones y desaceleraciones."
La acción de la fuerza gravitatoria sobre la fisiología se había empezado a estudiar durante la Segunda Guerra Mundial a partir de la necesidad de seleccionar a los individuos mas aptos para realizar caídas en picada que no eran toleradas de igual forma por todos los pilotos. Lo que comenzó siendo una investigación destinada a perfeccionar el rendimiento humano para la guerra, derivó finalmente lejos de aquellos escenarios, en los trabajos realizados en Uruguay por los doctores Roberto Velasco y Eugenio Isasi (este último, padre de Elida y de María Eloísa), quienes entre 1947 y 1951 experimentaron los efectos terapéuticos de la centrifugación humana en pacientes afectados de hipertensión arterial. Los primeros pasos dados por aquellos pioneros fueron interrumpidos por la aparición de la rawolfia (reserpina), el primer fármaco que demostró su eficacia en el tratamiento de esa enfermedad. Casi 30 años después las doctoras Isasi retomaron con éxito aquella búsqueda. "Elaboramos una nueva metodología para la aplicación terapéutica del EG; creamos un nuevo diseño del aparato utilizado para la centrifugación humana, y aplicamos una nueva estrategia -cuenta Elida-. Fue un proceso que llevó años de trabajo a un equipo de especialistas antes de lograr el diseño final del aparato, que patentamos en Estados Unidos y que funciona en nuestra clínica.
EXTRAÑAS EN LA NASA. Los primeros contactos de las Isasi con investigadores fuera del país datan de principios de los ochenta, cuando conocen en el centro Moffet Field de la NASA en California a Ralph Pelligra, director de los servicios médicos del organismo. "En ese entonces pocos en el mundo investigaban el EG. Aparte de la NASA. Sabíamos que el doctor T. Neault, de la Clínica Mayo, en Rochester estaba en eso. Pero esos investigadores no se ocupaban de las posibles aplicaciones del EG como terapia. Pelligra quedó muy interesado en las aplicaciones terapéuticas del EG en enfermedades cardiovasculares que hacíamos en Uruguay y nos estimuló a que continuáramos las investigaciones. Sus objetivos eran otros. "
En Uruguay se vivía la época de auge de la medicina nuclear. "Esta especialidad aportó nuevas técnicas que fueron valiosísimas para nosotras porque nos permitieron hacer mediciones cardiológicas muy precisas. Por esa razón nos vinculamos al Servicio de Medicina Nuclear de la Facultad de Medicina, que en ese entonces dirigía Eduardo Touya. " Fueron tiempos heroicos. Las doctoras Isasi se levantaban a las cuatro de la mañana para ir al laboratorio en horas en que no se estaba trabajando. "Había que aprovechar esas horas, porque a las 9 se retomaba la actividad de rutina y teníamos que dejar el lugar", recuerda Elida. "El trabajo en el laboratorio era fundamental porque en ese momento ya empezábamos a sospechar que en los efectos terapéuticos de la centrifugación humana debía intervenir una sustancia mediadora". A esta hipótesis habían llegado a partir de dos hechos: por un lado, los efectos vasodilatadores de la centrifugación no desaparecían con el tiempo, a diferencia de la vasodilatación producida por fármacos; por otro, habían observado que no todos los pacientes respondían de la misma forma al tratamiento. "Tratábamos pacientes portadoras de linfedema a veces secundario a mastectomías. En muchos casos, la extirpación del seno origina un edema linfático en el miembro superior, que puede llegar a adquirir un volumen doble o triple del normal. El drenaje del líquido que normalmente se vuelca al torrente sanguíneo por los vasos linfáticos en estos casos está bloqueado, produciendo la hinchazón. Observamos que tras la aplicación del EG el miembro superior edematizado recuperaba su volumen normal; más aún, la recuperación del drenaje correcto que se había producido se mantenía en el tiempo, la hinchazón no reaparecía."
TRAS LA PISTA. ¿Qué había ocurrido? Elida y María Eloísa no lo sabían. Lo que tenían eran hechos clínicos y nada más. Ignoraban cómo actuaba el EG. Fue también un hecho clínico observado lo que puso a las investigadoras sobre una pista que dio sus frutos: los pacientes a los que se les estaban administrando altas dosis de anti- inflamatorios no esteroideos no respondían de igual modo al tratamiento con EG. "Nos planteamos la hipótesis de que la presencia de esos fármacos en la sangre podría estar bloqueando la acción de alguna otra sustancia. " El desafío era entonces develar la presencia y la identidad de ese mediador secreto. Para ello, las técnicas de la medicina nuclear resultaron ser la mejor herramienta. "Primero logramos demostrar que dosis altas de anti- inflamatorios no esteroideos bloqueaban la acción del EG. Podíamos presumir que la sustancia que buscábamos pertenecía a la familia de las prostagladinas, porque los anti- inflamatorios no esteroideos neutralizan su acción. Nuestra pesquisa quedaba más circunscripta: descubrir de cuál de las prostagladinas se trataba. "
El primer paso fue conseguir cuantificar los volúmenes de estas sustancias en la sangre. " Ahí empezó nuestro insomnio.", dice Elida Isasi, con una mezcla de cansancio, alegría y nostalgia en la mirada. "Era algo que nadie hacía en el país en esa época. Nos pusimos a hacer un curso de radioinmunoanálisis, que no era lo nuestro. Pasamos de ser médicas clínicas a laboratoristas." "Así fueron pasando los años", interviene María Eloísa. " Un día vino un profesor argentino a dar una conferencia sobre hipertensión arterial y, lo escuchamos hablar de prostagladinas. Enseguida nos presentamos y de esa manera empezó el contacto con Argentina. No nos fue fácil entrar en ese medio, los grupos de investigación eran muy cerrados. Hicimos más de 40 viajes; íbamos y veníamos con las muestras de suero. Todo financiado por nosotras mismas. "
Finalmente - final que también fue un principio - las hermanas lograron detectar y cuantificar la liberación crítica por efecto de la centrifugación, de una sustancia que resultó ser la prostaciclina (PG12). Fue el apogeo de nuestra felicidad. "
Identificado el agente mediador, el paso siguiente fue demostrar de qué manera la centrifugación provocaba ese aumento notable de los niveles de PG12 en sangre, con las consecuencias de vasodilatación y mejoría clínica que habían observado. El EG era el estímulo mecánico que, al movilizar la sangre y hacerla chocar contra las paredes de los vasos, inducía la generación de PG12. La investigación derivó entonces hacia las células que recubren por dentro los vasos sanguíneos: el endotelio vascular. Las Células endoteliales son la usina productoras de prostaciclina y óxido nítrico, los dos vasodilatadores naturales del organismo, que cumplen además la función de preservar la fluidez de la sangre, evitando la trombosis intravascular, es decir, la formación de coágulos. Al igual que la piel, este tejido va perdiendo normalmente sus capas superiores envejecidas, que son sustituidas por células nuevas en un proceso de regeneración natural. "Pudimos demostrar que la centrifugación, estimulando mecánicamente el endotelio, favorece su descamación eliminando así las células deterioradas, que son inmediatamente sustituidas por células sanas. "
EL GOLPE. La esclerodermia sistémica es una enfermedad que pertenece al grupo de las colagenopatías. El colágeno, tejido poco especializado, con funciones de sostén, además de ser un componente fundamental de la piel, está distribuido en todo el organismo. En la esclerodermia sistémica la piel se endurece y se fija a los planos profundos limitando los movimientos de las zonas afectadas, que al principio de la enfermedad son por lo general el rostro y las extremidades. La piel del enfermo no transpira y pierde elasticidad; los rasgos faciales se agudizan, se pierde progresivamente la apertura bucal, la deglución se hace cada vez más dificultosa, y el rostro se vuelve una máscara inexpresiva. Los movimientos finos de las manos se van limitando, y en las etapas avanzadas de la enfermedad son afectados órganos vitales como el corazón y los pulmones, en tanto que la piel del tronco se vuelve una coraza que encierra al enfermo en su propia rigidez. "Es una enfermedad crónica, invalidante - explica la doctora Ana Cassinelli, que no tiene hasta ahora un tratamiento específico, porque se desconoce su etiología. Diversas drogas se han usado para tratar esta enfermedad, pero sin resultados satisfactorios. "
Nuevamente la aplicación terapéutica del EG tuvo el efecto de un milagro. La esclerodermia sistémica a diferencia de la esclerodermia localizada tiene un componente de vasoconstricción de isquemia (irrigación sanguínea insuficiente), y de trombosis "señala el profesor Raúl Vignale. Fue por eso que intentamos el tratamiento con terapia gravitacional". Los resultados son elocuentes. Cassinelli cuenta: "Los enfermos recuperan la flexibilidad y la coloración normal de la piel, la apertura bucal, el rostro vuelve a ser expresivo, pueden comer normalmente y realizar los movimientos finos de las manos. Lo más importante es que estas increíbles mejorías no desaparecen con el tiempo. El paciente recobra una calidad de vida que había perdido, su vida familiar y social deterioradas pueden recomponerse. Haber logrado semejantes resultados es el mejor estímulo para continuar".
ENIGMA PENDIENTE. Tan asombrosos como los clínicos, resultaron los cambios registrados por la anatomía patológica: los tejidos de los enfermos tratados, al ser estudiados al microscopio, evidencian una clara involución de la fibrosis.
"Los primeros sorprendidos fuimos nosotros ", dice Cassinelli. ¿Cómo habíamos logrado revertir una enfermedad que era incurable con un paciente fibrosado, esclerosado? ¿ Cómo se explica que una sustancia de acción endotelial pueda hacer desaparecer una fibrosis? Es por ahora un enigma, que deja abierto un enorme campo para la investigación. "
El investigador reclama la creación de un instituto, una fundación, un instrumento que provea los recursos económicos necesarios para seguir trabajando. Las doctoras Isasi y su equipo trabajaron hasta ahora sin ningún tipo de apoyo económico de parte del Estado ni proveniente del exterior. "Nos llevó cinco años conseguir la declaración de interés nacional", señala Elida. Pero en Uruguay el aporte económico para llevar adelante costosas investigaciones, que insumen enorme cantidad de horas de trabajo, no suele acompañar estas declaraciones que, en definitiva, se quedan en expresiones de apoyo moral. "Eso era lo que el doctor Salvador Moncada, descubridor de la "prostaciclina" y miembro del equipo del Nobel John Vane, no pudo entender cuando vino a Uruguay. No entendía cómo habíamos llegado a esos logros sin apoyo. Porque más allá de la parte de laboratorio que se hacía en el Servicio de Medicina Nuclear de la Facultad, todo lo demás (trabajo con pacientes, aplicación de la terapia gravitacional y seguimiento de sus efectos) lo hicimos en nuestra propia clínica.
El 8 de mayo último el equipo de las doctoras Isasi remitió una carta al Ministro de Salud Pública.
El Ministerio está orientado sobre todo hacia la parte de tratamiento, a la atención del enfermo. pero tiene que tomar conciencia de que a nivel de sus hospitales se están haciendo investigaciones importantes. En esa carta informamos al ministerio sobre lo que hacemos y los resultados de nuestra investigación, que en abril de este año presentamos en Río de Janeiro al XIII Congreso Mundial de Cardiología.
Fue el congreso más importante en la historia de la cardiología, con 35.000 inscriptos. Se presentaron 4.051 trabajos, de los cuales el comité científico internacional de selección aceptó el 49,7 por ciento, es decir 2.012 trabajos provenientes de 82 países. Uruguay presentó diez, de los cuales fueron seleccionados tres entre ellos, dos realizados por nuestro equipo, que fueron luego publicados en el Journal of the American College of Cardiology.
"Queremos que el ministerio valore la importancia de la investigación que se está haciendo en el Maciel, y la necesidad de que se destinen rubros y programas especiales a esta área", enfatiza Elida Isasi. Por eso, al cabo de 20 años de investigación, las dos hermanas decidieron salir a la prensa. "Hay que ponerse la camiseta celeste no sólo para ir al Estadio. Porque se viene haciendo en Uruguay una investigación seria, importante, con resultados que pueden ser de gran trascendencia para el país, para la ciencia, y, fundamentalmente, para los enfermos. Sin apoyo seguiremos avanzando, pero muy lentamente.