
Palabras de Cristina Hoyos:
Voy a contar como empecé a bailar. Empecé a bailar muy pequeñita, escuchando la
radio. Yo llegaba del colegio y ponía la radio y me ponía a bailar. Entonces
afortunadamente mi padre y mi madre se dieron cuenta -yo bailaba siempre a solas- bailaba,
no quería que me viera nadie. Era muy tímida porque era muy delgadita, muy pocos pelos y
muchas pecas.
No sé, en Andalucía hay muy poca gente con pecas, y yo tenía muchas pecas y entonces
tenía complejo por todo y vivía en una caja del cielo; pues yo era de una familia muy,
muy pobre y entonces afortunadamente se dieron cuenta y mi madre decía: Vamos a un
programa infantil que van muchos niños. Que el guitarrista que me tocó la guitarra, me
dijo ¡hay, que bién lo haces! ¡Qué ritmo tienes! ¡Qué oído! No sé, algo ocurrió
extraño, que entonces perdí no toda la timidez, toda la timidez no la perdí, perdí una
poquita, y entonces mi madre con gran esfuerzo se puso a trabajar, porque éramos cuatro
hembras, ella se puso a trabajar para poderme pagar la Escuela de Baile, que todavía
existe, que es la Escuela de Adelita Domingo.
Que es una maestra que sobre todo saca grandes artistas de la canción española y
andaluza, pero ella sabía bailar y entonces daba clases también de baile con lo que ella
había aprendido con el maestro, con la Kika, una de las maestras antiguas que había en
Sevilla, y con Don Felice; eran los dos de Sevilla y a partir de entonces ya me pusieron
en un programa infantil llamado Galas Juveniles, pero ahí empecé a entrar el gusanillo,
no solo del baile, sino el gusanillo del teatro.
O sea, yo todo lo uno, el baile, el flamenco y el teatro. Ya no puedo separarlo, me
entró el gusanillo del teatro. Esa magia que tiene el teatro, ese silencio que tiene
algunas veces el teatro, aunque tuve que pasar por algunos tablados pero por ir al teatro
era el baile. O sea, lo tenía claro, lo tenía muy claro desde bien pequeñita.
Y bien claro porque además era una manera de salir de la pobreza, porque había que
salir de alguna manera y lo tenía bien claro que yo bailaba cada día mejor, era una
manera de salir de la pobreza, entonces así fue, yo a través del baile tengo tantas
cosas, me ha dado tantas cosas el baile que, no, tantas cosas no, me lo ha dado todo. Y
entonces yo, mi intención ha sido siempre, bailar y bailar lo mejor posible. Pero no
podía llegar a ser estrella, porque hay mucha gente que baila muy bién y no son
estrellas sino que bailan bien. Si no bailar para mí, o sea, para estar contenta yo, con
algo que había elegido en la vida, que quizás me habían elegido a mí para bailar y
bailar y hacerlo cada día mejor. Entonces yo no quería defraudarme a mí, ni a esta
estrella mágica que me guía y me decía: Cristina, tienes que bailar y bailar y hacerlo
cada día mejor. Entonces muy jovencita empecé a bailar en Sevilla, pero a mí
Sevilla se me quedó pequeña, porque en Sevilla no había grandes maestros, había uno,
que era Enrique El Cojo pero yo escuchaba en Sevilla hablar del ballet de tal o cual y de
tantas cosas y de que había tantos maestros en Madrid que entonces un día le dije a mi
madre: Má, me tengo que marchar a Madrid porque yo no me puedo quedar aquí; mi madre
lloraba, porque en aquella época todas las artistas iban acompañadas de sus madres,
porque salir jovencita de tu casa sin tu mamá era como un crimen, era como un peligro,
casi como un pecado. Pero yo le dije a mi madre que yo quería conocer más sobre el
baile, y Sevilla es la fuente, era el manantial, pero donde se practicaba más, donde se
hacía más cosas era en Madrid, entonces cogí la maletita y me fui a Madrid. Pasé
bastantes malas, pasé duro desde Madrid. Me disfrazaba para poder ganar algo para seguir
estudiando baile, hasta que un día trabajé en un tablado en Madrid, un tablado muy
famoso, que el dueño era un gran torero, amigo de Triana. El tablado se llamaba El Duende
y entonces ahí afortunadamente me vio bailar Antonio Gades. Me dio muchos consejos, que
en ese momento estaba haciendo cine y estaba haciendo otras cosas y entonces me dijo: mira
yo, te he visto bailar y tu tienes algo especial, pero técnicamente veo que te tienes que
prepararte mucho más y así toda la gente de la compañía. Y bueno, así en el año 68
me llamó y entré íntegramente para ser la pareja y con esto quiero decir ser la pareja
del mejor. Del mejor que había y del mejor, creo, que ha existido y bueno, he estado casi
20 años con Antonio Gades.
Y me han sucedido muchas cosas, he elegido un director de ballet español, él y los
componentes de su compañía después lo echaron por problemas políticos, del ballet
español. Todo esto habiendo estrenado Bodas de Sangre en el teatro. Entonces cuando él
se marcha pues, algunos de los componentes de la compañía y nosotros también nos
marchamos con él.
Entonces nos fuimos y así hicimos una compañía, una cooperativa, que cumplimos poco
tiempo porque a las cooperativas todo el mundo quiere ir.
Una actriz muy conocida en España, se llama Etna Pereña, su marido era productor, ya
fallecido, Emiliano Piedra, fue a vernos al teatro, fue al camarino y dijo: ¡Antonio,
ésto lo tienes que hacer en cine! Porque esto no se puede perder, ésta es una de las
cosas más bonitas que he visto en mi vida! y el marido dijo ¡Sí! vamos a hacerlo en
cine, y afortunadamente, fue pues al final del año 80 que vimos la película Bodas de
Sangre. Tuvo tanto éxito, que ya hicimos la segunda que fue Carmen, con la gira que
salimos por todo el mundo, con la compañía de Antonio Gades con Cristina Hoyos.
Bueno esto quiere decir que bailar, bailar y bailar. Y entonces yo quería volver a mis
raíces, quería ponerme una bata de cola, quería hacer Carmen o Bodas de Sangre o la
Hija de Bernarda Alba, no sé quería hacer Cristina Hoyos, bailando con sus sentimientos,
con sus raíces andaluzas, sevillanas y entonces me fui de la compañía de Gades que
estaba en pleno éxito y me fui a Sevilla y formé mi propia compañía para bailar eso,
para bailar y ser yo misma, Cristina Hoyos, hice mucho ritmo y bailar un poco como quiero
bailar. Con mi coreografía, establecida lógicamente con los guitarristas, con los
contadores, pero ser yo sin tener que mirar para un lado ni mirar para otro y decir, tengo
que hacer tal y cual.
Y bueno, eso es lo que estoy haciendo y este año cumplo 40 años del ballet y sigo
bailando.
Y bueno, he contado mi vida porque creo que de una persona pobre, sin tener facilidades
para nada he llegado donde estoy a base de luchar, de trabajar y de amar el baile por
sobre todas las cosas y creo que eso es lo más importante.