| HOMENAJE
A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
a 50 años de su fallecimiento
(1886-1958)
Material
extraído de “POESÍA” (en verso) (1917 –
1923) – Juan Ramón Jiménez – Editorial Losada
S.A. – Buenos Aires – Impreso en Argentina – 1946.
Material extraído
de “DIARIO DE POETA Y MAR” - Juan Ramón Jiménez
– Editorial Losada S.A. – Buenos Aires – Impreso en
Argentina – 1948.
de
“POESÍA” seleccionamos:
Parte 1
1
Alrededor de la copa
del árbol alto,
mis sueños están volando.
Son palomas, coronadas
de luces puras,
que, al volar, derraman música.
¡Cómo entran, cómo salen
del árbol solo!
¡Cómo me enredan en oro!
3
¡No,
si no caben mis horas
ideales en las horas
de mi día material!
¡Si
no es posible que corte
la rosa de fuego, hasta
dejarla justa en los límites
que le da el reloj implacable!
¡Si
mi vida entera es
sólo una hora; y tan sólo
podría la eternidad
ser mi mañana o mi tarde!
14
No quise más la estrella,
y le bajé los ojos;
pero la estrella se me vino en ellos,
como –creía yo- una flor de nieve.
Pero la flor de nieve era de nardo
-de lágrima-, de armiño; y se deshizo,
y me caía, chorreando, dentro.
Rebosaba, y me eché a llorar;
y lloré armiño y nardo al mundo negro,
y una gloria de estrellas desheladas.
19
YA OSCURO
El anochecer.
Se arrullan las tórtolas
en los altos olmos.
Apenas, aquí y allá, quedan,
mecidas en brisa,
cimas leves de oro.
Un pío perdido,
en lo alto;
abajo, dos ojos
que miran la sombra y se van a ella,
como ríos hondos a un mar hondo, hondo.
Cerrados, muy negros,
centra el fondo loco
del ocaso agudo,
los troncos,
como hombres tristes,
cada uno ¡siendo tantos! solo.
20
La tierra se quedó en sombra;
granas, las nubes ardían;
y yo pensaba en la muerte,
que ha de partirnos un día.
25
CORAZONES
Este bosque por dentro,
¿no es mi alma? Este pálido rocío,
¿no es mi llanto por dentro?
26
NUEVA VIDA
¡Alegría que tienes tú por mí!
-¡Ay, tarde clara y buena!-
¡Otra vez a vivir!
¡Atrás, atrás, atrás; a comenzar
de nuevo;
lejos, más lejos –yo abro, con mis brazos
en cruz, el mundo-, lejos el comienzo;
lejos, lejos, lejos el fin!
¡La vida toda, nuevamente, en medio!
¡Tú, de cristal, de alma!
¡Ay, carrera diáfana y feliz!
Parte
2
6
(William Blake)
De día, el extraño
es el cielo;
de noche, es la tierra la extraña.
Iguales me buscan,
¡oh cuerpo, oh alma!
De día, la tierra
es la en flor;
de noche, el en flor es el cielo.
Iguales me encuentran,
¡oh alma, oh cuerpo!
9
FIESTA
Las cosas están echadas;
mas, de pronto, se levantan,
y, en procesión alumbrada,
se entran, cantando, en mi alma.
15
SUAVIDAD
¿Sostiene la hoja
seca
a la luz que la encanta,
o la luz
a la hoja encantada?
19
Canción, tú eres vida mía,
y vivirás, vivirás;
y las bocas que te canten
cantarán eternidad.
24
Muerte, ¡si tu enterrarnos
no fuese abismo duro y seco,
sino suave hondura,
profundidad inmensa!
¡Si fueras, muerte,
como un negro verano subterráneo;
si no importara, en ti, que el sol cayera,
porque la noche fuese bella y clara!
27
LA MANO CONTRA LA LUZ
No somos más que un débil saco
de sangre y huesos,
y un alfiler, verdad, puede matarnos;
pero corre en nosotros la semilla
que puede dejar fuera de nosotros
la mariposa única,
de luz sólo y de sombra sólo y sólo nuestras,
sin piel, red ni armadura,
ni posibilidad de ser cazada
por nada humano ni divino;
el ser invulnerable,
inmaterial, tan largo como el mundo,
que colma, libre, lo infinito
y se sale de él a lo imposible.
34
¡Ésta es mi
vida, la de arriba,
la de la pura brisa,
la del pájaro último,
la de las cimas de oro de lo oscuro!
¡Ésta es mi
libertad, oler la rosa,
cortar el agua fría con mi mano loca,
desnudar la arboleda,
cojerle al sol su luz eterna!
Parte
3
3
AMOR!
Todas las rosas son la misma rosa,
¡amor!, la única rosa;
y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,
¡amor!, la única rosa.
18
¡Un cielo, un cielo,
donde no se supiera
lo que es norte ni sur,
lo que es aurora ni poniente;
un cielo igual, en su gemela luz,
en su color idéntico, en su belleza sola,
con la inquietud -¡ay, inquietudes!-
unificada en el cenit!
20
EL DESVELADO
¡Mis ojos abiertos!
¡Llevadme a la mar,
a ver si me duermo!
Mientras estén lejos,
no se han de cerrar
mis ojos abiertos.
Llorarán recuerdos,
hasta hacer un mar
de llanto y deseo.
Un mar sin consuelo,
que me ha de llevar
al desvelo eterno.
No imitan los besos,
ni el dulce cantar,
la ola y el viento.
¡La ola y el viento!
¡Llevadme a la mar,
a ver si me duermo!
23
Me asomé a tu dormir,
a ver si te veía, agua descansada,
el tesoro inefable de tu fondo.
¡Ya iba a verlo,
iba a verlo,
allá, entre las estrellas reflejadas del cielo alto y
transparente!
… Pero me ahogué en tu sueño.
24
LUZ
1
De pronto, entrando
en el jardín , vi el sol
-que ya se había puesto tras lo bajo-,
el sol alto del cielo blanco y oro,
echado, quieto en las profundas cimas
del cerrado verdor, por fuera en sombra.
2
Fue como si yo entrara
en el corazón vivo -¡qué sorpresa!-,
en el ardiente centro
de la hermosura. –Y era el sol como una música
extasiada, transfigurada, aparecida;
como un dios en su nido; como
un tesoro humano
hecho ideal; como un ideal en fuga,
por gusto descansando…
3
¡Qué paz, qué encanto, qué
oro!
Ni una hoja áurea se movía.
Aquello era como si uno
fuese a ser armonía pura y clara
de un instrumento eterno, una cadencia
que pudiera durar por vida y muerte
y eternidad, sin pena ni cansancio…
Como el sol de la muerte, sorprendido
por la vida medrosa-.
… Era uno mismo y uno sólo,
hecho verdad allí, verdad
de su ilusión.
¡Qué paz, qué retardo, y qué oro!
4
-… ¿Se había ido el sol? Y se quedaba
aquella luz allí, posada, para siempre,
en su verdad mía, conmigo-.
25
¿Qué le pasa
a una música,
cuando deja de sonar; qué
a una brisa que deja
de revolar, y qué
a una luz que se apaga?
Muerte, di, ¿y qué
eres tú sino silencio, calma y sombra?
28
¡Cuerpo desnudo y alma libre;
eterna juventud de mi canción!
Parte
4
13
LA MEMORIA
¡Qué tristeza
este pasar
el caudal de cada día
-¡vueltas arriba y abajo!-,
por el puente de la noche
-¡vueltas abajo y arriba!-,
al otro sol.
¡Quién, supiera
dejar el manto, contento,
en las manos del pasado;
no mirar más lo que fue;
entrar de frente y gustoso,
todo desnudo, en la libre
alegría del presente!
15
ROSAS FRESCAS
¡Qué mejor oración,
qué mayor ansia
que sonreír a las rosas
de la mañana;
ponernos su alma bella
en nuestra alma;
desearlo todo
con su fragancia!
18
PRIMAVERA
TOTAL
¡Madre
mía, tierra;
otra vez más verde,
más plena, más bella!
Y yo, mientras,
hijo
tuyo, con más secas
hojas en las venas.
¡Madre
mía, tierra;
sé tú siempre joven,
y que yo me muera!
-Y tú,
mientras, madre
mía, con más frescas
hojas en las piernas-.
28
La mariposa
¡qué pensativa es!
Va por las flores
de la tarde –insistente
en lo amarillo un punto eterno del jardín-,
como el alma en amor por los recuerdos.
33
No me mirarán diciendo:
“¿Qué eres?;
sino sin curiosidad
y dulcemente.
Porque yo seré también
de
los quietos;
y ya no tendré difíciles
los pensamientos.
Mis ojos serán,
serenos,
los suyos;
los miraré sin preguntas,
uno en lo uno.
de “DIARIO
DE POETA Y MAR” seleccionamos los siguientes poemas:
Parte
1
HACIA
EL MAR
I
Madrid,
17 de enero de 1916.
¡Qué cerca ya del alma
lo que está tan inmensamente lejos
de las manos aún!
Como una luz de estrella,
como una voz sin nombre
traída por el sueño, como el paso
de algún corcel remoto
que oímos, anhelantes,
el oído en la tierra;
como el mar en teléfono…
Y se hace la vida
por dentro, con la luz inextinguible
de un día deleitoso
que brilla en otra parte.
¡Oh, qué dulce, qué dulce
verdad sin realidad aún, qué dulce!
II
Madrid,
17 de enero.
Raíces y alas. Pero
que las alas arraiguen
y las raíces vuelen.
IV
Madrid, 20 de enero.
Clavo débil, clavo fuerte…
Alma mía, ¡que más da!
Fuera cual fuera la suerte,
el cuadro se caerá.
V
En tren,
21 de enero, madrugada.
LA MANCHA
Una estrella sin luz
casi, en la claridad difusa
de la luna extendida por la niebla,
vigila tristemente todavía
los olivares de la madrugada
que ya apenas se ven.
El campo,
trastornado e informe e incoloro
en la sombra
que, gris, se va y la luz gris que se viene,
empieza vagamente a limitarse,
con el alba,
de luces y colores…
¡Alma mía
salida ahora de tu sueño, nueva,
tierna, casi sin luz ni color aún, hoy
-como un recién nacido-
por este campo viejo que cruzaste
tantas veces
-los olivares de la madrugada-,
tantas veces, con ansia y sin sentido,
a la luz de la estrella inextinguible
de tu amor infinito, ¡cuánto tiempo
náufrago de la luna!
… Una estrella
vigila tristemente… todavía…
los olivares de la madrugada
… que casi no se ven
ya… en el recuerdo…
VII
En tren, 21 de enero.
LOS ROSALES
Es el mar, en la tierra.
Los colores del sur, al sol de invierno,
tienen las ruidosas variedades
del mar y de las costas…
¡Oh mañana en el mar! –digo, ¡en la tierra
que va ya al mar!
X
A Moguer,
21 de enero.
MADRIGAL
A TI
El sol, más fuerte
y puro
cada vez, como
mi amor.
Cuanto aprendiera
a ver aquí, los años juveniles,
había de encontrarlo luego
en ti…, ahora, amor, paisaje, jardín mío,
tan mío como el campo este
en el que vieron esta luz mis ojos,
a la que luego, ahora, te ha mirado,
¡andaluza del cielo!
XIII
Moguer, 23 de enero.
MOGUER
Moguer, Madre y hermanos.
El nido limpio y cálido…
¡Qué sol y qué descanso
de cementerio blanqueado!
Un momento, el amor se hace lejano.
No existe el mar; el campo
de viñas, rojo y llano,
es el mundo, que el mar adorna sólo, claro
y tenue, como un resplandor vano.
¡Aquí estoy bien clavado!
¡Aquí morir es sano!
¡Éste es el fin ansiado
que huía en el ocaso!
Moguer. ¡Despertar santo!
Moguer. Madre y hermanos.
XIV
Moguer,
25 de enero.
TARDE EN NINGUNA PARTE
(MAR DE ADENTRO)
… ¡Este instante
de paz –sombra despierta-,
en que el alma se sume
hasta el nadir del cielo de su esfera!
¡Este instante feliz,
sin nueva dicha,
como un lago de oro
rodeado de miserias!
-… Todo lo inunda el alma,
y ella se queda
alta, sola,
fuera-.
¡Este instante infinito
–cielo bajo-,
entre una larga y lenta
ola del corazón –despierta sangre-
y una antigua, olvidada
y nuevamente vista estrella!
XVII
En tren, a Sevilla,
27 de enero.
DUERMEVELA
Vestida toda de blanco,
toda la gloria está en ella.
Romance Popular.
Vestida tu pureza
con el blanco vestido
de desposada, ibas
por mi sueño tranquilo,
cual con su traje blanco
de niña, ante mí, niño.
Y me dabas, riendo
en tus ojos floridos,
con el anillo de hoy,
el áureo rizo antiguo.
¡Rizo fino de niña,
arco iris divino
del prado –el corazón-
de tu amanecer nítido!
XVIII
Sevilla,
27 de enero.
TÚ Y SEVILLA
A Sevilla le echo los requiebros
que te echo a ti. Se ríen,
mirándola, estos ojos que se ríen
cuando te miran.
Me parece
que, como tú, llena ella el mundo,
tan pequeño y tan mágico con ella, digo,
contigo, ¡tan inmenso,
tan vacío sin ti, digo, sin ella!
¡Sevilla, ciudad
tuya,
ciudad mía!
XXI
A Cádiz,
28 de enero.
Tren de todas las tardes,
donde iba yo antes,
cuando en este paisaje
viví, que hoy paso, grave…
-¡Dulce, corto viajar
del pueblo al naranjal,
de la novia al pinar!-
¡Olivos y pinares!
¡Ponientes de oro grande!
¡Qué bien, que bien estabais!
… ¡Qué bien, qué bien estáis!
¡Aquí! ¡A ninguna parte
más que aquí!
-¡Qué bien!
Cae
hacia el mar ya, inefable
como una mujer, madre
de aquí, hermana, amante
de aquí, la tarde, amor, ¡mi tarde!
XXIII
Jerez,
28 de enero.
¡Adiós…!
Y me parece
que la tarde ¡una lágrima! se tiende
desnuda, inmensamente,
tras mi, por retenerme…
XXIV
A Cádiz, anochecer
grana,
28 de enero.
PUERTO REAL
¡Qué miedo el acordarse
de los muertos instantes
en que fuimos felices!
Trae
la memoria, con cada uno de ellos
-como en un viento grande
de ruina y sequedades-,
su adorno y su paisaje…
¡Y son marismas secas, sales
rojas, altas lagunas que creímos mares!
XXVI
Cádiz,
en las murallas
29 de enero.
Aún cuando el mar
es grande,
como es lo mismo todo,
me parece que estoy ya a tu lado…
Ya sólo el agua nos separa,
el agua que se mueve sin descanso,
¡el agua, sólo, el agua!
Parte 2
EL
AMOR EN EL MAR
XXVII
30 de Enero.
¡Tan finos como son tus brazos,
son más fuertes que el mar!
Es de juguete
el agua, y tú, amor mío, me la muestras
como una madre a un niño la sonrisa
que conduce a su pecho
inmenso y dulce…
XXVIII
30 de enero.
CIELO
Cielo, palabra
del tamaño del mar
que vamos olvidando tras nosotros.
XXIX
1 de febrero.
SOLEDAD
En ti estás todo,
mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo.
Qué lejos, siempre de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada
instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente…
¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!
XXXIII
Azores,
2 de febrero.
¡ESTRELLAS!
Las estrellas parecen en
el mar,
tierra, tierra divina,
islotes de la gloria,
la única tierra y toda
la tierra,
la verdadera tierra única:
¡Estrellas!
¡En el mar sí
que lucen
las estrellas!
-Son más estrellas
que en aquella
tierra que yo creí la tierra,
y atraen más al alma
con su imán blanco,
porque son aquí ella y ellas, ¡todo!
tierra y estrellas.-
¡Estrellas!
¡Ahora voy, ahora voy!
-¡El mar aquí sí que es camino!-
Se me abren los ojos, y no ven,
deslumbrados de luz cercana,
estallido infinito de pureza…
Cien voces gritan: ¡Tierra!
Yo, ciego: ¡Estrellas!
XXXIV
3 de febrero.
CIELO
Se me ha quedado el cielo
en la tierra, con todo lo aprendido,
cantando, allí.
Por el mar este
he salido a otro cielo, más vacío
e ilimitado como el mar, con otro
nombre que todavía
no es mío como es suyo…
Igual que, cuando
adolescente, entré una tarde
a otras estancias de la casa mía
-tan mía como el mundo-,
y dejé, allá junto al jardín azul y blanco,
mi cuarto de juguetes, solo
como yo, y triste…
XXXVI
4 de febrero.
CIELOS
Un cielo cada día,
cada noche…
Cóncavas manos cazadoras
de la fe de un instante por el mar.
Mas yo, pequeño,
escapo, día
tras día, noche
tras noche,
como una mariposa…
XL
5 de febrero.
MAR
¡Sólo un punto!
Sí, mar, ¡quién fuera,
cual tú, diverso cada instante,
coronado de cielos en su olvido;
mar fuerte -¡sin caídas!-,
mar sereno
-de frío corazón con alma eterna-,
¡mar, obstinada imagen del presente!
XLI
5 de febrero.
MAR
Parece, mar, que luchas
¡oh desorden sin fin, hierro incesante!-
por encontrarte o porque yo te encuentre.
¡Qué inmenso demostrarte,
en tu desnudez sola
-sin compañera… o sin compañero
según te diga el mar o la mar-, creando
el espectáculo completo
de nuestro mundo de hoy!
Estás, como en un parto,
dándote a luz -¡con qué fatiga!
a ti mismo, ¡mar único!,
a ti mismo, a ti sólo y en tu misma
y sola plenitud de plenitudes,
… ¡por encontrarte o porque yo te encuentre!
XLIII
7 de febrero.
CIELO
Te tenía olvidado,
cielo, y no eras
más que un vago existir de luz,
visto –sin nombre-
por mis cansados ojos indolentes.
Y aparecías, entre las palabras
perezosas y desesperanzadas del viajero,
como en breves lagunas repetidas
de un paisaje de agua visto en sueños…
Hoy te he mirado lentamente,
y te has ido elevando hasta tu nombre.
XLIX
9 de febrero.
¡Estela verde y blanca,
memoria de la mar!
L
10 de febrero.
Mar llano. Cielo liso.
-No parece un día…
-¡Ni falta que hace!
LI
10 de febrero.
¿No ves el mar?
Parece, anocheciendo
-acuarela de lluvia,
con –agua dulce –suaves verdes, amarillos, rosas-,
un tierno, un vago pensamiento mío
sobre el mar…
LIII
11
de febrero.
FIN DE TORMENTA
(EN EL PUENTE)
Aún, entre el mar
y el cielo,
por la aurora,
se arrolla la tormenta, lejos, baja,
como una serpiente
que se va…
El barco se alza y se apresura,
bajo el cielo más alto
que vivas rosas ornan
con la luz y el color de adonde vamos
a llegar, firmemente…
Sueño despierto y
dulce…
LV
11 de febrero,
en un palo del barco, a navaja.
La rosa has hecho
esparto.
Tendrás amor
amargo.
Parte
3
AMÉRICA
DEL ESTE
Seleccionamos
la siguiente prosa:
Boston,
Hotel Somerset,
14 de marzo, tarde, después de un día cansado.
TÚNEL
CIUDADANO
Blanco y negro,
pero si contraste. Blanco sucio y negro sucio, con la hermandad de lo
astroso. Arriba el abundante, el interminable intestino retorcido del
humo de los trenes sin tregua, que, a cada momento, todo lo quita y lo
pone, en su rodeo que hace caer mil veces la tarde, con su barroquismo
semiceleste, asesino que mata la luz cada vez que pasa un tren. Abajo,
la nieve en todo, dejando fuera piedras y casas negras. Negros los árboles
secos; negro el retrato de los cielos en los redondeles líquidos
que va teniendo la riachuela al deshelarse; negros los puentes, la boca
del túnel, los rígidos trenes que, antes de entrar en él,
ya están dentro, como si alguno los borrase después de haberlos
pintado al carbón. El humo y la nieve, lo ennegrecen todo por igual,
uno a fuerza de luto, otro a fuerza de nitidez. Nada da la sensación
de que en parte alguna –dentro, encima, al borde- hay vidas con
pensamientos y sentimientos de colores, con sentidos corporales. ¿Quién
ha visto aquí? ¿Quién ha oído? ¿Quién
ha olido, gustado ni tocado? Todo es confuso, difuso, monótono,
seco, frío y sucio a un tiempo, negro y blanco, es decir, negro,
sin hora ni contagio. Algo que está, pero que no se tiene ni se
desea, que se sabe que no se ha anhelado nunca y que nunca se recordará
sino en el indiferente e involuntario descuido del sueño difícil.
Nueva
York,
17 de marzo.
SUEÑO
EN EL TREN
… NO, EN EL LECHO
La noche era un largo
y firme muelle negro. El mar era el sueño y llevaba a la vida eterna.
Desde las costas que dejábamos –inmensas y onduladas praderas
con luna-, la gente del mundo, vestida de blanco y soñolienta,
nos despedía con un rumor inmenso y entrecortado. Sí, sí.
¡Hurrah al caballo vencedor! Y se agitaban –New London- los
pañuelos blancos, los sombreros de paja, las sombrillas verdes,
moradas, canelas…
Yo iba de pie en la proa -¡desde esta tribuna se ve divinamente!-
que ascendía, aguda, hasta las estrellas y bajaba, honda, hasta
el fondo de la sombra -¡buen caballo negro!-, abrazado estrechamente
a… ¿a quién? No… A nadie… Pero…
era alguien que me esperaba en la estación y me abrazaba riendo,
riendo, riendo, mujer primavera…
Nueva
York,
26 de marzo.
ORILLAS
DEL SUEÑO
Cada noche, antes de dormirme,
pueblo de aspectos deleitosos, tomados de la mejor realidad, las orillas
del río de mi imaginación, para que su encauzado sueño
las refleje, las complique y se las lleve al infinito, como un agua corriente.
Sí, ¡que anhelo de no derramar en la aurora torvas aguas
luctuosas de pesadillas de la ciudad comercial, de la octava avenida,
del barrio chino, del elevado o del subterráneo; de aclarar, como
a un viento puro de otras partes, su carmín humoso y seco, con
la brillante transparencia de un corazón puro, libre y fuerte!
¡Qué ganas de sonreír en sueños, de ir, alegremente,
por estos trozos negros de camino oscuro de la noche, que van alternando
con los de luz, del día, a la muerte –ensayos breves de ella-;
de tener blanca, azul y rosa la vida que no está bajo la luz y
el poder de la conciencia, de no ir por el subsuelo de la noche en tren
una vez más, ni tan aprisa, sino en veneros de diamante, ¡y
lentamente!
Nueva
York, Calle 10 y 5ta. Avenida,
Esperando el ómnibus.
PRIMAVERA
El largo viento de abajo, en donde aún es invierno,
invierno de barro, de negros y de cajas de basura, se divierte con las
pobrecitas magnolias niñas, levantándoles las faldas, como
a unas mujeres de la calle sucia. Y en el tronco fuerte e inmóvil,
las hojitas blancas y rosas, llenas de viento, aletean vivamente, pajaritos
que aún no pueden volar, como si quisieran subir, subir, subir
de estas casas sin fin, a la brisa pura en que se están bañando
ya las estrellas de la tarde…
-¡Ay! (No sé qué es lo que se queja… ni donde…)-
¡Ay!
Nueva
York,
18 de abril.
TORMENTA
No se ve y se ven momentáneas luces
blancas.
Nervioso, espero un trueno que no oigo. Y quiero apartar con las manos
el enorme ruido de taxis, de trenes, de tranvías, de máquinas
de remache, y abrirle paso al silencio para que me anegue en su golfo
de paz, en cuyo cielo sienta ya sonar y pasar la tormenta.
No sé si el trueno está
o no está. Es como cuando en la sombra imborrable de una noche
apartada de campo, creemos que hay alguien a nuestro lado y lo sentimos
encima sin verlo. ¡Qué infinidad de taxitos, de trencitos,
de tranvitas, de casitas en construcción, por la breve inmensidad
de mi cabeza! Hasta hoy, que no oigo, en la tormenta, el trueno, no he
oído qué ruido era este de New York… Llueve. No se
ve. Y se ven momentáneas luces blancas.
Nueva
York,
21 de abril.
EL
ÁRBOL TRANQUILO
A MR. PLIMPTON
Desde que está la primavera, todas las noches
venimos a ver a este árbol viejo, bello y solitario.
Vive en la primera casa de la Quinta Avenida, muy cerca de la que fue
de Mark Twain, en este sitio grato en que la iluminación disminuye
y el gentío, y se sale, como a un remanso, a la noche azul y fresca
de Washington Square, en la que, como su fuente, se bañan, puras,
las estrellas, apenas perturbadas por algún que otro anuncio triste
y lejano –GERMANIAN- que no deslumbra la noche, barco remoto en
la noche del mar.
Abril ha besado al árbol en cada una de sus ramas y el beso se
ha encendido en cada punta como un erecto brote dulce de oro. Parece el
árbol así brotado un candelabro de tranquilas luces de aceite,
como las que alumbran las recónditas capillas de las catedrales,
que velaran la belleza de este regazo de la ciudad, sencillo y noble como
una madre.
Pasan junto a él y junto a mí, que estoy apoyado en su tronco,
los ómnibus, lleno el techo de amantes que van, de Washington,
Square a Riverside Drive, a darse besos junto al río, un poco cerca
de sus carnes.
El árbol no se entera, y entre él –yo- y este sucederse
de agrios colores, olores y rumores, se agranda la distancia como si fuera
sólo todos sus inviernos de cerrado sueño, indiferente al
voluble amor y sólo atento a lo que no se cambia. Y mis ojos, enredándose
por sus ramas, son flor suya, y con él ven la noche alta, solo
yo como él, que ha encendido, igual que mi corazón su sangre,
su aceite puro, a la eterna realidad invisible de la única y más
alta –y siempre existente- primavera.
Seleccionaremos
más material en prosa y lo presentaremos en la próxima actualización:
julio – agosto. |